12/7/11

La experiencia tiene una extructura



De una u otra manera somos máquinas que hacemos las cosas de una manera determinada. Desde la manera de romper un huevo, clavar una punta o simplemente peinarse seguimos un ritual que lo hemos aprendido en un momento determinado y que ahora lo hacemos de una manera inconsciente.

Ello nos lleva a pensar que podemos aprender de los demás si somos lo suficientemente observadores y no nos quedamos simplemente en el sentido de admiración hacia lo que las personas que admiramos hacen. Podemos observarlos y al mismo tiempo soñar y dejar que nuestra imaginación vuele y escape en querer lograr los mismos éxitos o resultados.

Pero hay algo muy importante, la observación. Saber ir al detalle de cada movimiento que se hace, saber la secuencia, la forma de hacerlo, la intensidad y cada uno de los pormenores hará posible que uno siga el mismo ritual o que incluso con el tiempo pueda mejorarlo.

La vida y la experiencia son una consecuencia de pasos, de toma de decisiones, de formas de hacer las cosas que pueden resultar mecánicas y tediosas a la hora de practicarlas, pero que son al fin y al cabo las responsables de que unos hayan llegado al umbral del éxito y otros no.

Modelar la experiencia de los demás, conocer las técnicas y los proceso, saber llevar el ritmo es lo que ha consagrado a mucha personas dentro de la excelencia. Todo es cuestión de saber observar, intentar modelar lo que otros hacen y, si cabe, mejorarlo. La observación y el ser detallista está al alcance de todos.

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