13/8/14

¿Impulsos o reflexión?



Otro de los obstáculos que nos encontramos a la hora de conseguir nuestros objetivos en la vida es la del eterno dilema que hay entre los impulsos y la reflexión, entre las emociones y las razones, ente los sentimientos y la lógica. Somos una especie que se diferencia del resto por su carácter racional, pero curiosamente nos movemos más por lo emocional que por las ideas en las que creemos y que por los valores que nos rigen en la vida.

¿Recuerdas las veces en las que te has dejado llevar por las emociones? ¿Fueron buenos los resultados? ¿Te has arrepentido alguna vez por haberte dejado llevar por tus impulsos?

Las razones, la lógica y nuestras creencias cuando obedecen a un planteamiento serio de la vida nos sirven como guía hacia lo que queremos y buscamos. Los impulsos, que unas veces pueden ser buenos y otras veces malos, nos tienen a merced de lo que sucede y de como nos sentimos en el momento. La razón nos mantiene en el sendero, con el objetivo firme y concreto a pesar de que las emociones nos puedan tambalear.

La falta de voluntad, de constancia, de persistencia, de perseverancia obedecen más a nuestro estado emocional que a las razones que podamos tener en la vida. Las emociones hacen que nos refugiemos en lo que no queremos y abandonemos nuestros sueños. ¿Por qué? Las emociones pueden más que las razones, que los motivos. 

El deseo de algo, el querer satisfacerlo de forma inmediata, el obtener esa recompensa ya, hace que los objetivos a medio y largo plazo queden relegados a un segundo o tercer plano de tal manera que acabemos aparcándolos de por vida. Es la lucha entre lo inmediato y lo que tenemos que trabajar, entre lo fácil y lo que nos cuesta.

Saber frenar, retrasar, esperar son virtudes que nos ayudarán a conseguir lo que queremos e incluso a valorarlo de una forma más profunda ya que siempre valoramos más lo que nos ha costado conseguir que aquello que ha sido fácil obtener.

No es cuestión de renunciar, sino de saber aceptar los plazos que todo tiene en la vida. Hace unos días leía la frase que que una mujer hace a su hijo en nueve meses, y no por ello nueve mujeres hacen a un hijo en una semana. La mariposa es un buen ejemplo de lo que son los procesos de cambio y como es necesario el esfuerzo y la constancia para poder romper el capullo y salir a volar.

Somos seres humanos. Tenemos sentimientos, pero somos algo mucho más grande que ellos.