6/8/13

Las dos murallas



No se si has tenido alguna vez esa experiencia de encontrarte en la vida ante una gran obstáculo. Puede ser un obstáculo físico, burocrático, social, familiar, económico, personal pero que no deja de ser un obstáculo. Muchas veces nos hemos quedado mirando hacia él como "el imposible" y hemos adoptado las actitudes pertinentes: impotencia, incredulidad, desmoronamiento, desilusión, apatía y ¡cuántas más! Y todo ello porque generalmente hemos optado por quedar mirándonos hacia el obstáculo.

Hay momentos en los que, despreocupados por el obstáculo, nuestra mente se ha quedado libre para pensar, divagar y estar abierta a lo que venga. De repente una luz entra y nos enfoca hacia otro obstáculo, tal vez mucho más real que el primero. Me enfoca hacia mí mismo, sí, hacia mí mismo para decirme que yo soy el obstáculo. ¿Cómo? Si, lo que has oído, que yo soy nada mas y nada menos que el obstáculo. Pero...., ¿cómo es posible?

Por la sencilla razón de que nos sentimos pequeños ante los retos de la vida, impotentes ante aquello que creemos que es imposible superar, vencidos ante situaciones que nos vienen grandes. Y como diría Einstein: "Lo hizo porque nadie le dijo que era imposible hacerlo". Ni más ni menos. Es el diálogo irracional que mantenemos muchas veces los que nos ciega a ver nuestras propias posibilidades y nos centra en ese miedo paralizante de lanzarnos a la consecución de lo que queremos. Viene a mi mente esa frase de "poder es querer".

Veo que aquellos que lo han logrado, sea el éxito personal, deportivo, económico, social, musical o cualquier otro es porque "lo han querido". Los que no lo hemos conseguido ponemos las excusas. Los que sí lo han conseguido han puesto la voluntad y una palabra que les ha acompañado a lo largo de su sueño: "¿Cómo?". Si, el "cómo" es lo que nos abre a la posibilidad y a la búsqueda de lo que deseamos. Sí, el "cómo", es el de la persona que no cierra la puerta al mundo de las posibilidades. El "cómo" es la actitud de búsqueda que vence al miedo paralizante, a la desilusión que mata el sueño, a la desesperanza que no vida más allá de los obstáculos.

El otro muro soy yo, con mis ideas limitantes. Es el muro más difícil de superar, el propio muro, la propia mente, la propia actitud. Y darse cuenta de ello ya es un primer paso. ¿Qué pasaría si durante el día reemplazo el no puedo, el es imposible, el no valgo para ello, por un cómo puedo conseguirlo. Deja que el cómo entre en la mente. Tal vez en medio de un partido, de un paseo, de una comida o después de un chiste surja la respuesta. Es tan simple como darle la orden al cerebro y dejar que le trabaje para ti. Todo llega cuando creemos en el sueño y en nosotros mismos.