9/9/14

Responsabilidad



A veces pienso en los niños que lloran y patalean hasta conseguir lo que quieren. Si describimos su actitud casi siempre coincidimos en "caprichoso". Lo curioso es que cuando ni llora, ni patalea, ni insiste y a su alrededor habita el silencio comenzamos a percibir que algo raro está sucediendo. Vamos en búsqueda del niño y lo encontramos haciendo algo por su propia cuenta. Unas veces nos sorprende para bien y otras para mal. 

La diferencia entre una actitud intrépida, valiente y autónoma y otra caprichosa es que el primero no pierde el tiempo en llorar sino que busca y hace, mientras que el caprichoso espera a que le den o se lo hagan.

Me preocupa el ver gente que espera que le resuelvan las cosas y me encanta ver personas que buscan oportunidades donde otros no la ven. 

Me encanta sentir que las cosas dependen de uno mismo en contra de sentir que los demás tienen que resolverlas por mí.

Sentirse vivo es tener la capacidad de buscar y aportar soluciones a la vida y a las situaciones que inesperadamente se dan en ellas.

La madurez es vivir como si todo dependiera de mi, hacerlo con ilusión y alegría, pero como si yo nu fuera imprescindible y como si los resultados no fueran vitales. Vivir con absoluta libertad ante lo que soy, me exijo y quiero de la vida, sabiendo que soy yo quien tiene que buscarlo y aceptarlo agradecidamente si la vida me lo pone en el camino.

Mientras unos lloran y patalean otros hacen y consiguen lo que no pueden los que lloran, pues sus lágrimas no le permiten ver el camino.