26/4/11

Yo, tu, ¿Todos?



Siento que el YO es importante, tan importante que es trascendental. Sin mimarnos o cuidarnos creo que la vida sería una ruina. Siempre se ha enfatizado al OTRO en la vida de tal manera que muchas veces se nos pedía renunciar a ser nosotros mismos en el nombre del AMOR. Como creyente siempre he admirado el resumen de lo que la importancia de la fe o de la religión en la vida de la persona humana: Amarás a Dios y al prójimo como a ti mismo.

Amar a Dios, seas creyente o no, es amar LA VIDA en sí misma. Si no amo lo que me rodea, aunque a veces sea difícil entender lo que pueda suceder al rededor de uno, difícil mente puedo amar al otro y mucho menos amarme a mi mismo. Tenemos que sentirnos cómodos y satisfechos allá donde estemos, de lo contrario, mal asunto.

Pero fíjate por donde que el orden en el mandamiento es Dios, el prójimo y uno mismo. Tal vez de ahí siempre queramos colocarnos de últimos. Curiosamente el orden real no es ese, sino DIOS, UNO MISMO y PRÓJIMO. Sí, amar al prójimo COMO a uno mismo.

Si no me amor, no me cuido, no me valoro, no me desarrollo como persona, ¿qué puedo dar a los demás? El mayor amor que puedo dar a la vida y a los demás es el de mi propio desarrollo personal. Lo que desarrollo puedo ofrecerlo y compartirlo. Solo cuando me amo, puedo amar. Sólo cuando me perdono, puedo perdonar. Sólo cuando se crecer, puedo ayudar a crecer a los demás.

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