18/8/15

La generosidad y el sentido de la vida.



Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo cola para comprar entradas para el circo. Al final, sólo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho. 
Eran ocho chicos, todos probablemente menores de doce años. Sé veía que no tenían mucho dinero. La ropa que llevaban no era cara, pero estaban limpios. Los chicos eran bien educados, todos hacían bien la cola, de a dos detrás de los padres, tomados de la mano. Hablaban con excitación de los payasos, los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo. Prometía ser un hecho saliente en su vida.
El padre y la madre estaban al frente del grupo, de pie, orgullosos. La madre, de la mano de su marido, lo miraba como diciendo: “Eres mi caballero de brillante armadura”. Él sonreía, henchido de orgullo y mirándola como si respondiera: “Tienes razón”.
La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuantas entradas quería. Él respondió con orgullo: “Por favor, déme ocho entradas para menores y dos de adultos, para poder traer a mi familia al circo”. La empleada le indicó el precio. 
La mujer soltó la mano de su marido, ladeó su cabeza y el labio del hombre empezó a torcerse. Este se acercó un poco más y preguntó: “¿Cuánto dijo?”. 
La empleada volvió a repetirle el precio. ¿Cómo iba a darse vuelta y decirle a sus ocho hijos que no tenia suficiente dinero para llevarlos al circo?.
Viendo lo que pasaba, mi papá puso la mano en el bolsillo, sacó un billete de cien pesos y lo tiró al suelo. (Nosotros no éramos ricos en absoluto). Mi padre se agachó, recogió el billete, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: 
“Disculpe, señor, se le cayó esto del bolsillo”. 
El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna, pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incomoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos le tomó la suya, apretó el billete de veinte dólares y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: “Gracias, gracias señor. Esto significa realmente mucho para mi familia y para mí”. 
Papá y yo volvimos a nuestro auto y regresamos a casa. 
Esa noche no fuimos al circo, pero no nos fuimos sin nada..



Si echamos una vista atrás a nuestra vida y a los momentos en los que hemos sido altruistas, generosos y serviciales, ¿qué hemos sentido? Creo que la respuesta es unánime: satisfacción, alegría, bienestar, sentimiento de auto realización, etc.

El amor da sentido a la vida, algo que solamente lo puede comprender el que ama y se da a los demás. 

El amor y la solidaridad da sentido a la vida y difícilmente veremos a personas que aman con un sentido de tristeza, insatisfacción o incluso depresión en sus vidas.

El amor en los momentos más duros y difíciles de la vida es capaz de calmar y de dar sentido a la propia vida, al punto de entender que el amor te hace crecer y sentir que la vida se extiende en lo que haces por los demás.

Es una manera de sentir que estamos en la vida para ser útiles a los demás desde donde podamos y desde lo que tengamos.

17/8/15

Comunicación


¿Por qué y para qué nos comunicamos? Son las preguntas que surgen en mí cuando leo esta frase y las preguntas que han surgido muchas veces cuando he escuchado debates en la televisión. Pero también puede ser la pregunta que podemos hacernos tras las muchas discusiones en las que solemos meternos en muchas ocasiones. 

¿Hablamos y escuchamos para saber más, o para o tal vez para intentar tener razón ante nosotros mismos, o ante otros, sobre aquello que hablamos? Son dos cosas muy diferentes y con resultados también muy distintos.

El arte de escuchar deja a un lado muchas veces lo que nosotros pensamos, creemos o sentimos para centrarnos en lo que "podemos aprender" de los demás, de la vida e incluso sobre nosotros mismos. Mientras queramos defender a capa y espada lo que pensamos o creemos, nos cerramos a aprender algo nuevo sobre los demás, sobre la vida y sobre nosotros mismos.

Lo importante de la vida es lo que siempre podamos descubrir y aprender de ella sin miedo a que nos vemos cuestionados, puesto que sentirse cuestionado nos ayuda a arrojar más luz sobre  la vida en sí. Defendernos puede alejarnos de los demás e incluso de nosotros mismos.




14/8/15

Diferentes perspectivas.




En el bosque habitaban el rey de los cuervos y el rey de los búhos, ambos con su legión respectiva de cuervos y búhos. Siempre habían compartido la paz del bosque, pero resulta que cierto día el rey de los cuervos y el rey de los búhos se encontraron y comenzaron a intercambiar impresiones. El rey de los cuervos preguntó: 

--¿Por qué tú y tu legión de búhos trabajáis por la noche? 

El búho, sorprendido, replicó: 

--Sois vosotros los que trabajáis por la noche. Nosotros trabajamos de día. Así que no mientas. 

Y los dos reyes se enzarzaron en una discusión, ambos convencidos de que trabajaban de día. Hasta tal punto la discusión comenzó a adquirir un carácter de violencia, que la legión de cuervos y la de búhos se disponían a entrar en combate. Pero cuando la situación estaba llegando a su momento más crítico, apareció por allí un apacible cisne que, al enterarse de la disputa, dijo: 

--Calmaos todos, queridos compañeros. 

Y dirigiéndose a los reyes, dijo: 

--No debéis en absoluto pelear, porque los dos tenéis razón. Desde vuestra perspectiva, los dos trabajáis de día. 


Debido a diferentes enfoques 

de la realidad aparente, 

ideologías y ficticias divisiones, 

surgen las disputas y guerras, 



el malestar y el dolor.

Todos vemos la realidad desde nuestra perspectiva, desde nuestras creencias, desde nuestra propia historia y desde nuestras propias vivencias. Todos llevamos nuestra carga mental y existencial en lo que vivimos. La comunicación y la empatía se vuelven necesarias para poder comprender nuestro punto de vista y el punto de vista de los demás.

La discusión surge cuando queremos que nuestro punto de vista prevalezca sobre el de otros. La riqueza de la comunicación no está en tener razón sino en comprender y valorar las diferentes situaciones.

13/8/15

Adversidad: Crecimiento e Iluminación.



Las adversidades pueden ser causa de crecimiento y de iluminación dijo el maestro.
 Y lo explicó del siguiente modo:
Había un pájaro que se refugiaba a diario en las ramas secas de un árbol que se alzaba en medio de una inmensa llanura desértica. Un día, una ráfaga de viento arrancó la raíz del árbol, obligando al pobre pájaro a volar cien millas en busca de un nuevo refugio… hasta que, llegó a un bosque lleno de árboles cargados de ricas frutas. 
Y concluyó el Maestro: 
Si el árbol seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a renunciar a su seguridad y echarse a volar.


Es importante echar una vista atrás y recordar todos esos momentos de dificultad que hemos tenido y a lo que nos ha obligado en la vida. Sin duda hemos aprendido a salir de las situaciones, con mayor o menor esfuerzo, pero nos han ayudado a salir. 

Unas veces hemos aprendido cosas nuevas, y otras a utilizar las que teníamos aletargadas, dormidas o paralizadas por los miedos, el no querer asumir riesgos o, simplemente, por pereza.

Las dificultades tienen esa grandeza, la de sacudirnos y hacernos despertar del letargo en el que muchas veces estamos instalados.

Lo importante es que cada momento de la vida siempre enseña algo y siempre te conduce a desarrollar aspectos olvidados o nuevos dentro de uno mismo. 



12/8/15

El aquí y ahora.



Era una abeja llena de alegría y vitalidad. En cierta ocasión, volando de flor en flor y embriagada por el néctar, se fue alejando imprudentemente de su colmena más de lo aconsejable, y cuando se dio cuenta ya se había hecho de noche.

Justo cuando el sol se estaba ocultando, se hallaba ella deleitándose con el dulce néctar de un loto. Al hacerse la oscuridad, el loto se plegó sobre sí mismo y se cerró, quedando la abeja atrapada en su interior. Despreocupada, ésta dijo para sí: “No importa. Pasaré aquí toda la noche y no dejaré de libar este néctar maravilloso. Mañana, en cuanto amanezca, iré en busca de mis familiares y amigos para que vengan también a probar este manjar tan agradable. Seguro que les va a hacer muy felices”. 

La noche cayó por completo. Un enorme elefante hambriento pasó por el paraje e iba engullendo todo aquello que se hallaba a su paso. La abeja, ignorante de todo lo que sucediera en el exterior y cómodamente alojada en el interior del loto, seguía libando. 

Entonces se dijo: “!Qué néctar tan fantástico, tan dulce, tan delicioso! 

¡Esto es maravilloso! No sólo traeré aquí a todos mis familiares, amigos y vecinos para que lo prueben, sino que me dedicaré a fabricar miel y podré venderla y obtener mucho dinero a cambio de ella y adquirir todas las cosas que me gustan en el mundo”. Súbitamente, tembló el suelo a su lado. El elefante engulló el loto y la abeja apenas tuvo tiempo de pensar: “Éste es mi fin. Me muero”. 


Sólo existe la seguridad del aquí-ahora. 
Aplícate al instante, 
haz lo mejor que puedas en el momento 


y no divagues.

En realidad vivimos muy pendientes del pasado y del futuro. La vida es cada momento, cada instante, cada paso que damos. La verdadera sabiduría es saber vivir cada instante sin que experiencias pasadas o posibles resultados futuros nos condicionen, nos quiten la libertad y nos impidan vivir cada momento de la vida,

11/8/15

“El águila que se creía pollo”



“Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos. 
Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos? 
Pasaron los años y el águila se hizo adulta. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnifica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas. 
El águila miraba asombrada hacia arriba. - ¿Qué es eso?, preguntó a una gallina vieja que estaba junto a ella. 
- Es el águila, la reina de las aves -respondió la gallina- Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes a ella 
De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y vivió y murió creyendo que era una gallina de corral”.
El poder de las creencias nos libera o nos ata. Es el poder que tienen sobre nosotros. Pero de lo que no somos conscientes muchas veces es que nosotros tenemos el poder de transformar las creencias si controlamos lo que pensamos y aquellas ideas o creencias que queremos desarrollar en nuestra vida. Al final, como diría Henry Ford, tanto si creemos como no, estamos en lo cierto, pues viviremos de acuerdo con aquello con lo que pensamos.
¿Somos conscientes de nuestras creencias? ¿Nos limitan? ¿Nos ayudan a crecer? ¿Nos mantienen donde estamos? ¿Nos conducen por nuevos caminos?
Lo más bonito es despertar la esencia de lo que somos y de lo que podemos llegar a desarrollar en nosotros sin que nadie nos frenen a vivir nuestra propia vida y esencia.

10/8/15

Profundizando en nuestra relaciones.


Dentro de la era tecnológica nos vemos con esta realidad donde es muy fácil caer en el desequilibrio y acabar dependiendo de la tecnología y sintiéndose solos además de palpar que nuestras relaciones son muy superficiales e inconsistentes.

Las críticas a esta situación que se vive actualmente no dejan de ser pocas. Son muchos los casos en los que ésta verdad se impone y se ve una fuerte dependencia de estos medios. Pero también es cierto que criticamos ésta situación y pocas veces he visto hacer una crítica constructiva del porqué se da ésta.

Recuerdo que antes viajábamos en tren, autobús, avión y era fácil entablar relaciones interpersonales con los compañeros de viaje, aún sin conocerlos. Hoy es fácil ir en los mismos medios y ver como cada uno va a lo suyo con sus teléfonos móviles, ordenadores, tablets, etc.

El contacto tecnológico jamás podrá suplir la profundidad y la importancia de lo que es la voz humana, el contacto visual y incluso el del tacto. Las relaciones cara a cara son mucho más enriquecedoras y profundas. ¿Por qué nos refugiamos en la tecnología?

¿Buscamos en ella lo que no somos capaces de encontrar en una relación normal cara a cara?

¿Nos evadimos de darnos a conocer tal y como somos en la relación personal física?

¿Somos incapaces de mantener y alimentar relaciones cercanas y profundas?

¿Rehuímos de las dificultades que entablan la relaciones personales?

No es cuestión de criticar simplemente lo que se da si no más bien el preguntarse el por qué se da. A veces es el miedo que podemos sentir a la hora de entablar relaciones, pero también puede suceder que nuestra manera de acercarnos a los demás haga que éstos huyan de nosotros bien porque imponemos puntos de vista, bien porque no respetamos los suyos.

La comunicación sincera y efectiva es la que hace que uno se sienta gusto  hablando con los demás, bien porque escucha y se siente escuchado o porque aporta a los demás y siente que los demás le aportan a uno.




7/8/15

DISFRUTA TU CAFÉ



Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se juntó para visitar a su antiguo profesor. Pronto la charla devino en quejas, acerca del interminable ‘stress’ que les producía el trabajo y la vida en general.

El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una selección de tazas de lo más ecléctica: de porcelana, plástico, vidrio, cristal, unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras, otras realmente exquisitas. Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café, recién preparado.

Cuando lo hubieron hecho, el viejo maestro se aclaró la garganta, con mucha calma y paciencia… se dirigió al grupo:

“Se habrán dado cuenta de que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron pocas, de las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada quien prefiere, lo mejor para sí mismo. Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos… al ¡stress! Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café. En verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos. Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores. Después se pusieron a mirar… las tazas, de los demás.”

Y continuó diciendo:

“Ahora piensen en esto: La vida es el café. Los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son meras tazas, que le dan forma y soporte a la vida y el tipo de taza que tengamos… no define ni cambia realmente… la calidad de vida que llevemos. A menudo, por concentrarnos sólo en la taza… dejamos de disfrutar el… café. La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo, sino ¡la que hace lo mejor, con lo que tiene! Y recuerden que: la persona más rica no es la que tiene más, sino la que menos necesita.

6/8/15

Valorar al otro.



Un joven fue a solicitar un puesto importante en una empresa grande. Pasó la entrevista inicial e iba a conocer al director para la entrevista final. El director vio su CV, era excelente. Y le preguntó: "
-¿Recibió alguna beca en la escuela?" el joven respondió "no".
-"¿Fue tu padre quien pagó tus estudios? "
-" Si."-respondió.
-"¿Dónde trabaja tu padre? "
-"Mi padre hace trabajos de herrería."
El director pidió al joven que le mostrara sus manos .
El joven mostró un par de manos suaves y perfectas.
-"¿Alguna vez has ayudado a tu padre en su trabajo? "
-"Nunca, mis padres siempre quisieron que estudiara y leyera más libros. Además, él puede hacer esas tareas mejor que yo.
El director dijo:
-"Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu padre, y luego ven a verme mañana por la mañana."
El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era alta.
Cuando regresó a su casa le pidió a su padre que le permitiera lavar sus manos.
Su padre se sintió extraño, feliz pero con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo. El joven lavó las manos poco a poco. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su padre estaban arrugadas y tenían tantas cicatrices. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su piel se estremeció cuando él la tocó.
Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que trabajaban todos los días para poder pagar su estudio. Los moretones en las manos eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro.
Después de limpiar las manos de su padre, el joven se puso en silencio a ordenar y limpiar el taller. Esa noche, padre e hijo hablaron durante un largo tiempo.
A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.
El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: -"¿Puedes decirme qué has hecho y aprendido ayer en tu casa?"
El joven respondió: -"lavé las manos de mi padre y también terminé de asear y acomodar su taller"
-"Ahora sé lo que es apreciar, reconocer. Sin mis padres, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi padre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a la familia.
El director dijo: "Esto es lo que yo busco en mi gente. Quiero contratar a una persona que pueda apreciar la ayuda de los demás, una persona que conoce los sufrimientos de los demás para hacer las cosas, y una persona que no ponga el dinero como su única meta en la vida". "Estás contratado".

5/8/15

Creciendo a nuestro ritmo.





El Maestro siempre permitía que cada cual creciera a su propio ritmo. Que se sepa, nunca pretendió “presionar” a nadie. Y él mismo lo explicaba con la siguiente parábola. 
Una vez, al observar un hombre como una mariposa
luchaba por salir de su capullo, con demasiada lentitud
para su gusto, trató de ayudarla soplando delicadamente.
Y en efecto, el calor de su aliento sirvió para acelerar el proceso.
Pero lo que salió del capullo no fue una mariposa,
sino una criatura con las alas destrozadas. 
Cuando se trata de crecer, concluyó el Maestro, no se puede acelerar el proceso, porque lo único que puede conseguirse es abortarlo.
Dicen que uno valora lo que tiene en la medida en la que ha tenido que sufrir o dedicarle tiempo para conseguirlo. Uno de los valores más grandes que podemos tener en la vida en relación a los demás es confiar en la capacidad que tienen de salir adelante por si mismos. Y es muy cierto que en muchas ocasiones queremos que nos pongan las cosas en bandeja o que los demás "no pasen" por donde nosotros hemos pasado. Al final no ayudamos a las personas a que confíen en si mismos y se desarrollen con todas sus capacidad.

Son las situaciones tensas y de necesidad las que hacen que tengamos que buscar recursos dentro de nosotros mismos para salir adelante. Es fácil que esperemos que otros nos ayuden o nos resuelvan situaciones, pero cuando lo hacen nos pasa como a la mariposa que no pudo volar. No somos nadie si la vida no nos pone a prueba. La comodidad y las zonas de confort que tenemos nos invitan muchas veces al conformismo y a no desarrollar todo el potencial que llevamos dentro.

4/8/15

Nuestros prejuicios....


Me gustó esta foto y esta historia que hace un par de días me encontré en Facebook. Curiosamente, y desde hace unos días, me he topado con tres situaciones muy parecidas, una de carácter laboral y otras a nivel personal con personas que conozco. 

A veces nuestra mente va por delante de los acontecimientos y le atribuimos a lo que vemos ideas, creencias, juicios y demás sentimientos que se nos puedan venir, al mismo tiempo que la realidad nos deja ver que nuestra mente estaba equivocada.

La niña hace una cosa, y la madre la interpreta de forma negativa. Lo bueno es que, sin que nadie se lo pida, la niña da la explicación de lo hecho y que tiene unos valores muy altos.

¿A qué nos invita esta reflexión de la manzana?

  • A pensar en situaciones en las que nosotros hemos sido víctimas de las malas interpretaciones de otros.
  • A recordar situaciones en las que otros han sido el objeto de nuestras malas interpretaciones.
  • A no sentirnos mal antes de tiempo.
  • A pensar que los motivos de otras personas para hacer algo no siempre son los mismos motivos que nosotros le podemos atribuir.
  • A comunicarnos de manera más profunda y con confianza.
  • A respetar al otro.
¿Cuántas veces hemos vivido esta situación de un lado o de otro?

3/8/15

Más allá del éxito.



Hoy proliferan como rosquillas las ofertas de libertad financiera, de que otro trabajen para uno, de alcanzar a comprar grandes casas, muy buenos coches, buenas entradas económicas y muchos sueños e ilusiones que suenan de maravilla. La verdad es que suena bien y no deja de ser una buena tentación o meta a alcanzar. Pero cuando comienzas a ver la realidad de muchas personas que suben peldaños en la vida y acaban metidos de lleno en la droga, el alcohol e incluso llegando a suicidarse comienzas a cuestionarte por los motivos reales del éxito personal en la vida.
  • ¿Necesidad de reconocimiento social?
  • ¿Conseguir fuera de mi lo que no logro encontrar dentro de mi mismo?
  • ¿Expandir al máximo mis cualidades como persona?
  • ¿Haría lo mismo y lucharía de la misma manera si no tuviera ninguna recompensa exterior?
A mi personalmente me llama la atención la oferta de tanta riqueza y libertad financiera y se deja a un lado lo que es la esencia de la persona como tal. De hecho, y cuando ves a mucha gente que lo ha conseguido todo y por culpa del todo ha acabado en la propia auto destrucción me preguntaba: ¿Qué buscaban en realidad? Lo tenían todo y nada al mismo tiempo, pues acabaron en la soledad más profunda en la que ni si quiera te sientes acompañado por ti mismo.

¿Ser o tener? ¿A qué aspiramos realmente en nuestra vida? He vivido en medio de gente que no tenían prácticamente nada, que lo poco que tenía lo compartían privándose ellos para ofrecerlo a otros. La sonrisa siempre estaba en sus labios. He conocido a gente que lo tenía todo o casi todo y no sabían disfrutar de lo mucho o casi mucho que tenían. ¿Cuál era la diferencia? Tal vez que quien disfrutaba de lo que tenía no disfrutaba de sí mismo, y quien no tenía prácticamente nada si disfrutaban de sí y de lo poco o mucho que tenían a su alrededor. Una cosa es más que clara, el que poco tiene siempre disfruta de lo poco que tiene, la valora, lo aprecia y lo goza.

¿Dónde están mis objetivos? ¿En lo que está fuera de mí o en saber ser y desarrollarme yo como persona? La vida es algo más que tener, es SER y disfrutar de lo que se es.


31/7/15

Poder es querer.


Frase realmente sabia la del Dr. Camilo Cruz. La vida no son solo sueños y deseos. Son también decisiones y pasos que se dan para la consecución de ellos. ¿Qué implican?
  • Estar dispuesto a aprender
  • Es dejar hueco para lo que no se sabe. 
  • Es olvidarse muchas veces de lo aprendido para estar abierto a lo nuevo. 
  • Es tener la humildad de reconocer que no todo lo sabemos.  
  • Tener la curiosidad por lo nuevo y diferente. 

  •  Estar dispuesto a crecer.
  • A mejorarse a si mismo. 
  • A perfeccionar las habilidades propias.  
  • A incorporar nuevas actitudes y valores. 

  • Hacer lo necesario para conseguirlo. 
  • Dar pasos cada día. 
  • Transformar las ideas e ideales en decisiones. 
  • Buscar los medios para llevarlo a cabo.  
  • Transformar las excusas en retos.  
  • Tener un plan de acción.
  •  Ponerlo como prioridad cada día.



 


30/7/15

Tres pasos muy sencillos para conseguir lo que buscas.


Hace más de 2.000 años que se pronunció ésta frase y sigue más que en vigencia. En ella se nos dan tres pasos que considero imprescindibles para lograr el éxito:


  • El arte de pedir. ¿Qué encierra el "pedir"? Es algo más que un hablar. Entraña un deseo, una necesidad, un sueño, algo que quieres por conseguir motivos varios. Si no le pedimos nada a la vida es porque no tenemos ilusiones, ni metas que queremos alcanzar. Pedir, y hacerlo de manera muy consciente, entraña algo muy importante, "la consciencia" de que se quiere mejorar en algunos de los aspectos de la vida. Muchas veces lo formulamos de forma negativa y tal vez eso no ayuda pues no fijamos en la mente lo que si queremos. Fijamos lo que no queremos. Pedir entraña querer saber lo que sí se quiere lograr, conseguir, obtener.
  • El arte de buscar. Muchas veces nos quedamos en el pedir pero no es suficiente. Hay que buscar, moverse, intentar averiguar como podemos conseguir las cosas. Ayer lo veiamos de una manera muy clara con la historia de Zaqueo que no se echó atrás a la hora de querer ver a Jesús y acabó subido a un árbol. Buscas significa indagar, preguntar, unirse a personas que buscan lo mismo. Buscar invita a buscar caminos diferentes a los tratados hasta el momento. Es aprovechar cada una de las circunstancias que nos rodean cada día y saber utilizarlas para la consecución de lo que buscamos.
  • El arte de llamar. Querer no es suficiente, aprender y averiguar como conseguir las cosas tampoco aunque las dos seas importantes. Llamar es una acción determinada, es una actitud en la que da un paso y se intenta. Llamar es pasar a la acción y comenzar a dar pasos hacia lo que se quiere.
Frases de hace miles de años que son vigentes y muy necesarias  en la vida de hoy si queremos alcanzar de forma natural aquello que deseamos o necesitamos.


29/7/15

El que la sigue la consigue.



¿No te ha sucedido a ti alguna vez que te ere imposible ver o entender algo en la vida? Creo que son muchas las ocasiones en las que nos pasa eso. Generalmente somos tercos y, una y otra vez, insistimos por el mismo camino, aunque en otras nos desilusionamos y nos negamos a seguir intentándolo. Pero hay alternativas. Curiosamente el Evangelio, el mensaje de Jesús está lleno de situaciones que nosotros vivimos constantemente y la verdad es que leído en profundidad viene a ser una gran noticia. Y en el caso de hoy el marco de referencia es la secuencia o el encuentro de Jesús y Zaqueo que puede ser una buena llave para entender esos momentos de la vida que se nos dificultan o atragantan.

Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.

Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.
Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que entre yo en tu casa.
Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a su casa con un hombre pecador.
Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.
Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.
Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
Como puedes ver es una pequeña historia que puede carecer de mucho interés. ¿En qué se parece esta historia a nuestras vidas? Creo que en muchas cosas.

  • En primer lugar Zaqueo quiere ver "quien era Jesús". Tal vez había oído hablar de él. Quizás llamaba su curiosidad o quien sabe si no llegaba a entender lo que toda la gente hablaba de él. La cuestión es que tanto él, como tú y como yo muchas veces queremos llegar a conocer algo, alguien o a entender situaciones en la vida. Hasta ahí todo normal.
  • Las dos primeras dificultades afloran a la hora de poder resolver su interés. La "gente" era mucha y "más alta" que él. La gente es lo que normalmente nos encontramos en la vida. "Gente" podemos entenderla por creencias, maneras de pensar, valores, costumbres, etc. La gente, los puntos normales de vista, nos impiden ver y entender la realidad de lo que nos pasa. A veces esas creencias o puntos de vista son tal "altas" y "arraigadas" que seguimos sin ver por mucho tiempo y no alcanzamos a comprender. Unas veces, como decía antes, nos conformamos con no ver, nos damos la vuelta y nos quedamos sin conocer nuevas realidades. Otras veces intentamos hacernos un hueco, nos esforzamos y ante la dificultad desistimos.
  • Zaqueo se "sube" a un árbol. Cambia de perspectiva. Utiliza una nueva forma de buscar que la tradicional. Y desde la nueva perspectiva es capaz no solamente de ver a Jesús sino de que Jesús lo vea a él. Me recuerda al dicho de que la suerte no es el resultado de la casualidad sino del intento continuo de conseguir algo. La suerte se encuentra con quien la busca y trabaja. Y esto es lo que le pasó a Zaqueo. No se rindió y buscó alternativas, lo miró como un reto. Como algo interesante a conseguir.
  • Cuando la suerte se encuentra con quien la busca y trabaja, ¿qué pasa? Que si la manera de encontrarla fue diferente a la que tenías siempre, el encuentro con lo que quieres te transforma y todo lo que habías conseguido hasta el momento en tu vida ya no tiene tanta importancia, hasta el punto de devolver más de lo conseguido hasta el momento. ¿Por qué? Porque lo que buscas y encuentras, y la manera de hacerlo, transforman tu vida dándole un nuevo sentido a lo que empiezas a vivir.
Quizás lo más importante de todo ello es la actitud:
  • Sentir interés.
  • Buscar.
  • Insistir.
  • Observar nuevas perspectivas.
Sin duda alguna el momento llegará. Y la "salvación" llega en el momento en que estás abierto a ella y a buscarla de forma incesante, entendiendo por "salvación" el sentirte bien y a gusto conmigo mismo y con aquello que hago en la vida.






28/7/15

Entre lo urgente y lo importante, ¿qué escoger?



Hay un relato en los Evangelios donde se da un conflicto entre dos hermanas, Marta y María a la hora de tomar decisiones. Son decisiones cotidianas pero que encierran valores, esclavitudes, deseos, y otras muchas cosas más que se dan, como ya dije, en el día a día, y en el que tomamos miles de decisiones, unas generan conflictos internos con uno mismo y otras con las personas que nos rodeamos. La historia es la siguiente:
Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: 
Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 
Respondiendo Jesús, le dijo: 
Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

 ¿Cuántas veces en nuestra vida cotidiana nos encontramos con estas u otras escenas parecidas? Unas veces nos llevan a sentirnos, como dije, mal con nosotros mismos y otras generan conflicto con los demás. ¿Hacia donde se tiene que inclinar la balanza a la hora de elegir? Los valores personales que diseñamos o elegimos en nuestra mente deberían ser los que marquen la pauta, pero hay algo añadido, hay que hacer lo que nos haga sentir bien con nosotros mismos.
  • Marta recibe la visita al igual que María, pero ¿cuál es su prioridad? Los quehaceres de la casa. ¿Valor bueno o valor malo? A todas luces bueno. Pero hay algo que me llama la atención. Si es un valor bueno en sí mismo, ¿por qué molestarse si otra persona no te echa una mano si escoge otro valor que es bueno para ella? 
  • María escoge otro valor, la hospitalidad. ¿Le preocupan los quehaceres de la casa? Probablemente si, pero la casa siempre estará ahí mientras que la visita no, por lo que elige lo que es importante para ella y posiblemente urgente para ella, pues la visita ya estaba ahí. ¿Se siente a disgusto atendiendo a la visita? Para nada. ¿Se siente a disgusto porque su hermana no la acompaña a la hora de atender al huésped? Parece ser que no. Hay dos valores en juego para ella, uno la casa y otro la persona que llega a la casa. Se siente libre de posponer los quehaceres para atender a la visita. Vive su valor en sí y sin esperar que otras personas lo vivan al igual que ella.
  • Libertad. Los valores son muy importantes en la vida, pero desde el momento en que nos hacemos esclavos de ellos perdemos la armonía interna y, como bien dice Jesús, entramos en una espiral de ansiedad, de preocupación, de sentirnos molestos e incluso de sentirnos mal con aquellos que no viven los valores igual que nosotros. ¿Es eso bueno? Desde mi punto de vista hemos perdido la libertad para ser esclavos de los valores, y esta esclavitud no nos lleva ni a saborear algo como puede ser la limpieza de la casa, en este caso, nuestro otros valores en el caso de cada uno, ni tan siquiera nos lleva a apreciar los valores de los demás. Un valor que nos ciega y que nos impide ver la vida tal y como es, sorpresiva muchas veces, y que nos impide vivir a tope otros valores que tenemos nosotros u otras personas.
  • ¿Qué hay detrás de cada queja, de cada malestar o de cada situación de fastidio o de ansiedad que tenemos? ¿Por qué nos afanamos y turbamos con tanta facilidad ante las situaciones que nos molestan? No miremos hacia fuera, sino hacia dentro de nosotros mismos. Es fácil mirar hacia fuera y culpar o juzgar a otros pero, ¿qué nos revela cada situación de cada uno de nosotros. Lo que hay hay detrás puede revelar cosas muy importantes sobre nosotros mismos que tal vez no nos gustaría conocer. Dicen que lo que no aguantamos de los demás es algo que no nos gusta de nosotros mismos.
  • Jesús invita a escoger la mejor parte. ¿Cuál? La que te hace libre, la que te permite sentirte bien contigo mismo y con los demás. Los valores son valores, pero por encima de cada valor está la persona que tenemos enfrente y sobre todo la paz que podemos sentir dentro de nosotros por ser libres. 
En una toma de decisiones hay siempre valores. ¿Cuál es la mejor que podemos tomar? La que marca nuestros valores, respeta los valores de los demás si éstos no coinciden en ese momento con nuestras decisiones, y sobre todo las que nos hacen libres para ser uno mismo y para expresar lo que somos: Amor y ayuda a los demás.


27/7/15

Sembrar, motivar y crear circunstancias.



Hoy me vino a la mente la parábola del sembrador. ¿La recuerdas? Por si no la recuerdas aquí te la pongo.
El sembrador salió a sembrar.
Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 
Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 
Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 
Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
Cuando la escuchaba antiguamente mi mente siempre se iba a analizar que tipo de tierra era yo. El foco, y me imagino que Jesús va en ese sentido, iba siempre a los que somos depositarios de la semilla. En cierto modo somos la tierra que la recibe y la recoge. Parece que todo depende de nosotros.

Hoy por hoy comienzo a verlo desde otras perspectivas:
  • El sembrador. La tierra, cada uno de nosotros, tiene su parte de responsabilidad, pero el que siembra tiene también la suya. ¿Sembrar en cualquier sitio y bajo cualquier circunstancia? El éxito de aquello que sembramos o se siembra en nosotros depende muchas veces de nuestra capacidad de recepción, pero también de nuestra manera de enseñarlo, enfocarlo, mostrarlo a los demás, etc. Un ejemplo muy concreto es en la enseñanza. ¿Son buenos todos los profesores desde el punto de vista pedagógico? Los habrá mejores y peores, como los hay para las ventas y para conectar con la persona que le gusta. Sembrar es un arte, no es cuestión simplemente de la tierra, sino de la capacidad de hacer que la tierra sea lo más fértil posible. Y es nuestra capacidad de comunicación y de crear las circunstancias ideales lo que hace la combinación de sembrar y cosechar con éxito.
  • La tierra. Hay tierras y tierras para sembrar. No creo que intentemos sembrar en cualquier sitio, aún cuando cualquier sitio sea susceptible de que la tierra de sus frutos. Con echar un vistazo a los israelíes que han sembrado y cosechado en el desierto nos daremos cuenta de ello. Lo que quiero decir con ello es que no es sembrar por sembrar, sino el conocer el terreno en el que se siembra y crear las circunstancias para que pueda darse el fruto. Otro ejemplo muy concreto y que para mí es una referencia constante es el campo de las personas que carecen de las ventajas que todos tenemos: me refiero a personas ciegas, sordas, mudas, sin algunas de sus manos o pies, o que simplemente tienen enfermedades que les permiten desarrollarse de una forma como lo hacemos nosotros. ¿Son ellos tierra fértil para sembrar, por ejemplo, actividades competitivas de carácter deportivo? Aparentemente no. Y ahí los tienes dándonos clases y ejemplo de como superar situaciones y crecer en lo que probablemente no somos capaces de hacerlo nosotros. Nuevamente vemos que hay tierras no aptas que al final sí lo son. Y ahí han influido por una parte una tierra abierta y motivada y unos sembradores que han sabido escuchar, ver y hacer desarrollar ese tipo de incapacidades.
  • La continuidad. Conozco a muchos agricultores que una vez hecha la siembra se dan paseos por el campo y van quitando hierbas de una lado, poniendo agua por el otro y matando bichos por otros. La vida nos pide sembrar, pero también nos pide la continuidad, la perseverancia, la constancia y el observar todos y cada uno de los detalles de aquello que pueden impedir que la semilla plantada pueda crecer y desarrollarse. Nuevamente vemos como plantar y hacer que se den todas las circunstancias para que la semilla crezca es muy importante.
El éxito en la vida es una combinación de saber sembrar, saber cuidar lo que se siembra, crear las circunstancias para que lo que se siembra llegue a su meta y saber cosechar. Hay una comunión entre el sembrador y la tierra. Siembra y escucha la tierra; siembra y mima la tierra; siembra y hace que la tierra se abra. El sembrador no solo siembra, también motiva, conoce y sabe vender la semilla a la tierra más inhóspita al punto de convertirla en fértil, porque ha cuidado las circunstancias necesarias para que pueda crecer.


24/7/15

Confiando en uno mismo y ayudar a los demás a que confíen en sí.


Todos nos encontramos a lo largo de la semana a alguna persona que se encuentra a la puerta de una iglesia, de un supermercado o de cualquier lugar público pidiendo limosna. Muchas veces lo hacen con reclamos bastante llamativos y otras de una forma en la que el trabajo es la oportunidad que esperan en la vida.

Lo cierto es que muchas veces pasamos y dejamos una pequeña ayuda. Otras veces luchamos con nuestra conciencia pues creemos que algunos de ellos se están aprovechando de nuestros sentimientos y conciencia. Otras veces pasamos de largo porque son situaciones que no compartimos bien por los engaños que hemos sufrido o simplemente porque nos sentimos impotentes ante situaciones en las que no podemos rescatar a todo el mundo. 

Lo que si es cierto es que dentro de nosotros tenemos claro que la limosna no es la solución y que, en el mejor de los casos, es una mera ayuda para poder salir de la misma. Si somos sinceros con nosotros mismos y nos preguntamos sobre lo que les ofrecemos la respuesta suele ser algo de dinero, de comida o de ropa, aunque por lo general suele ser el dinero. ¿Puede haber otras soluciones? La limosna, por lo general, crea dependencia y no lleva a una libertad o autonomía propias.  Lo que me vino a la mente es el pasaje o encuentro de Jesús con el ciego en la piscina de Betaisa. Si no lo recuerdas, te lo refresco:

Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?». Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda». Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla». Él le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’»
No deja de ser curiosa la escena y lo que en ella ocurre.
  • ¿Quieres curarte? Menuda pregunta, ¿no? La pregunta ya de por sí es un tipo de acercamiento a la situación humana muy diferente a la que solemos tener. Nosotros "damos" y seguimos de largo dejando atrás un problema. Entre nosotros y la persona suele haber una distancia que la acortamos con dinero u otra cosa. La actitud de Jesús parece muy diferente, "provoca" una situación con una posible respuesta en la persona que es dependiente de los demás o de su situación particular. ¿Quieres curarte? ¿Quieres salir de esta situación? ¿Quieres valerte por ti mismo? El acercamiento no es para amortiguar una necesidad, sino para que uno la satisfaga por sí mismo. Un acercamiento que provoca un cuestionamiento propio, una respuesta propia y una decisión con resultados inmediatos. Lo que Jesús ofrece es la posibilidad de cuestionarse y decidir si uno quiere crecer como persona. ¿No es una oferta realmente interesante?
  • "No tengo a nadie que me meta en la piscina...." ¡Interesante de nuevo! Todos necesitamos un empujón para salir adelante. Una vez viene desde dentro de nosotros mismos y otras veces viene desde fuera. Lo importante es que "lo que demos a los demás" en cualquier ámbito de la vida, y no solo en el de las limosnas, siempre tiene que ser el empujón que libere y que ayude a cada uno a pensar por si mismo, a ganarse la vida por si mismo, a confiar en si mismo y a salir adelante por si mismo en busca de sus sueños y de todo lo que quiere conseguir. La limosna ata, el amor libera y hace crecer. Una vez más el crecimiento personal y la libertad están ahí presentes para ayudar a ser una persona libre y autónoma a quien lo necesita. El empujón es como lanzar a alguien a la vida, dejar que sea el mismo y se valga por sí mismo. ¿Necesita un empujón? Aquí lo tienes.....
  • "Levántate, toma tu camilla y anda". A lo mejor hubiera quedado mejor con el "levántate y anda", ¿para que quiere la camilla?" Y desde el punto de vista del crecimiento personal tiene todo su sentido. TODOS tenemos que levantarnos. TODOS tenemos nuestras limitaciones. TODOS tenemos nuestros obstáculos. Pero tenemos que tomar la camilla y andar. Sin ir más lejos.... ¿cuántas personas con inmovilidad juegan en sillas de ruedas? ¿cuántos ciegos caminan solos por las calle? ¿cuántos participan en torneos y nos dan mil vueltas a los que no tenemos sus problemas? Tomar la camilla no es otra cosa que asumir la realidad, la propia realidad de cada uno y desde ahí echar a andar. Un día un paso y otro día otro. Pero cuando te quedas un día, una semana, un mes, un año y tantos años acomplejado por tu victimismo, no creces y pasas a depende de los demás. Si quieres crecer y vivir, no queda otra: "Levántate, toma tu camilla y anda."
La vida tiene sentido en cuánto eres tu, vives tu y dependes de ti mismo a pesar de las circunstancias. Todo está en creer en uno mismo, aceptarse y vivir desde lo que es y tiene en su vida.


23/7/15

Gestionando emociones.



Venía hace un rato escuchando en el coche la importancia de gestionar las emociones y como muchas personas son capaces de sobreponerse a verdaderas tragedias en su vida. A medida que iba escuchando me venía a la mente una situación del Evangelio que da mucho juego en sí y es la de la mujer adultera que iba a ser apedreada por ser sorprendida en adulterio. Unos con las piedras en la mano listos para lanzarlas, otra esperando con resignación el castigo que se le venía encima y, por otra parte, Jesús escribiendo en el suelo. ¿Qué escribía que hizo que nadie lanzara la piedra?
  • Fariseos. Pienso que muchas veces apuntamos con el dedo, la mirada, la lengua o la actitud cantidad de cosas, condenables o no, que no nos gustan y que hacen que sintamos un fuerte rechazo hacia personas o situaciones. Estamos más que dispuestos a lanzar piedras pero, ¿en qué dirección? Un adulterio, supuestamente, tiene a dos personas implicadas: la mujer y el hombre, en este caso, con el que fue sorprendida. La mujer estaba preparada para ser lapida pero, ¿donde estaba la otra parte del adulterio? ¿No será que condenamos y acusamos aquello que nos molesta de los otros pero no lo que, directa o indirectamente, nos implica a nosotros.

  • La mujer adultera. Por una parte entraña el sentimiento de culpabilidad, ese sentimiento que muchas veces nos hace resignarnos y caer en una muy baja autoestima en la que no queda más remedio que aceptar la realidad y dejarse someter por ella. Por una parte, pena. La pena de ser sorprendido en una situación que es condenada por el resto de la sociedad. Por otra parte dolor. Sentirse justo en medio de los dardos, las críticas y el rechazo de los demás no creo que sea plato de buen gusto para nadie, sobre todo si eres tan sólo parte del problema y a la otra parte sí se le protege. Me imagino que por otro lado tenemos una sensación o sentimiento de soledad porque estás ahí, sola y ante el peligro, sin tener nada en la manos con que poder evitarlo.
  • La mirada de Jesús. Una mirada en muchas direcciones, me imagino. 
  • Una mirada hacia la mujer de comprensión, perdón, empatía, justicia o si quieres de equilibrio. Creo que más allá de lo que hacemos está lo que somos como personas y detrás de lo que hacemos se esconden cantidad de vivencias y de experiencias que casi nadie es conocedor. Son situaciones que nos hacen vivir y tomar decisiones que tal vez queramos, tal vez no y que de una manera u otra nos ponen entre la espada y la pared en la vida. 
  • Una mirada hacia los que iban a lanzar la piedra. Una mirada hacia ellos que le impulsó a escribir algo en el suelo, algo que hizo que, curiosamente, desde el más anciano hasta el más joven dejaran caer sus piedras en el suelo sin golpear a nadie. ¿Qué escribiría? La frase "el que esté libre de pecado que tire su primera piedra" nos lo puede dejar entrever. Nuestra realidad tiene siempre algo en común, no somos perfectos y, por ello, tenemos nuestros errores y limitaciones. Y son precisamente ellos, la comprensión de nuestra propia realidad, la que nos permitirá comprender la de los demás. De ahí que quien no se ama a si mismo no puede amar a los demás y que quien no se perdona a si mismo jamás podrá perdonar a otros.

  • La propia mirada de Jesús. La mirada emocional y yo diría que la mirada profunda que va más allá del adulterio, de la falta, de la transgresión y se fija en la persona en sí. Mientras nosotros nos quedemos en los hechos que nos amargan la existencia éstos tendrán más fuerza y poder sobre nosotros. Y la misma mirada que Jesús dirigió a la mujer es la misma que dirige a quienes van a lanzar las piedras. Ni el adulterio tiene la fuerza suficiente para crucificar a nadie, ni las actitudes y errores de quien están dispuestos a lapidar tienen la fuerza para que a ellos se les lapide. "Yo tampoco te condeno, vete y no peques más". ¡Qué fuerte! ¿No? No estoy de acuerdo con lo que haces, pero te respeto y te perdono. Y si es posible vive con coherencia.
Para gestionar las emociones, ¿hacia donde mirar?

  • ¿Hacia "lo que" hace el otro? 
  • ¿Hacia el "transgresor?
  • ¿Hacia las piedras que se lanzan?
  • ¿Hacia los propios errores?
Creo que la mirada de Jesús es la del equilibrio que sabe gestionar las emociones. La mirada hacia la persona más allá de sus actos, hacia la persona en su esencia.

22/7/15

Carácter y toma de decisiones.


Más que una forma de ser, el carácter es una fuerza que regula nuestra forma de actuar. Es por ello que nuestro carácter forja nuestro destino. Nuestro destino no es sino otro que el resultado de todas y cada una de las decisiones que tomamos cada día y de acuerdo con nuestros valores y metas que deseamos conseguir. El carácter, pues es la fuerza de mantener el rumbo en todos los momentos de la vida y en medio de las decisiones que tomamos.

¿Cómo tomar buenas decisiones?
  • Información: Recoger todos los pros y todos los contras que envuelven la decisión a tomar.
  • Conocimientos de las circunstancias que envuelven la toma de decisiones, que puede ser de lo que uno conozca o de lo que otros puedan ayudarnos a conocer.
  • Experiencia personal y experiencia contrastada. La experiencia personal nos ayuda más pues se basa en decisiones ya tomadas y tenemos los resultados que nos pueden ayudar. La experiencia de otros también nos puede ayudar, aunque siempre han sido en unas circunstancias posiblemente diferentes a las nuestras. Ahí solo toca arriesgar.
  • Análisis de la situación y desde perspectivas totalmente diferentes. Si se tiene un método de análisis que pueda ayudar, mejor que mejor. Y si no se tiene intentar hacerlo lo más profundo posible.
  • Juicio: El juicio es necesario para combinar la información, los conocimientos, la experiencia y el análisis, con el fin de seleccionar el curso de acción apropiado. No existen substitutos para el buen juicio