Mostrando entradas con la etiqueta agresividad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta agresividad. Mostrar todas las entradas
27/4/17
5/1/16
Agresividad Verbal
¿Qué es la agresividad verbal?
A pesar de que somos una especie racional, y lo racional nos diferencia de los animales, podemos decir que somos una especie que muestra la agresividad. La agresividad verbal es una de la manifestaciones más de ésta emoción o sentimiento que hace que nos bajemos del pedestal al que nos subimos al diferenciarnos de los animales.
Podríamos decir que la agresividad verbal tiene dos matices importantes:
- Los gritos y las amenazas que pocas explicaciones necesitan y que todos sabemos perfectamente lo que son.
- La desvalorización continua y con ánimos de degradar y humillar a otra persona. No importa si el ámbito es familiar, laboral o social. Intentar hundir al otro, consciente o inconscientemente es una de las agresiones verbales que mantenemos.
¿Por qué somos agresivos con los demás?
Hay un ejemplo y que vemos a menudo en los partidos de fútbol que podríamos trasladar al terreno de la comunicación.
No se si te habrás detenido a observar y a pensar en actitudes generalmente violentas que se dan en el terreno de juego. ¿Cuándo surgen? ¿Por parte de quien? En mi apreciación personal y coincidiendo en la mayoría de las ocasiones con comentaristas de fútbol se produce por parte del equipo o de jugadores del equipo que no son capaces de asimilar un derrota. El sentimiento de impotencia lleva muchas veces a actuar con esta agresividad.
¿Intentamos mostrar por la fuerza lo que no somos capaces de convencer con razones o diálogos?
¿Disminuye nuestra autoestima si otros piensan, actúan o tienen valores distintos a los nuestros?
La agresividad muestra mucho más la debilidad del que es agresivo que otra cosa. Detrás de ésta actitud se esconde siempre una especie de complejo de inferioridad y de miedo a uno mismo, un miedo que Erich From lo describe muy bien en su libro: "El miedo a la libertad", puesto que la libertad nos desnuda ante la realidad y ya no podemos sino aceptarnos tal y como somos.
Así pues, creo que la agresividad verbal, es la actitud del perdedor que es consciente que no se basta con sí mismo sino que tiene que obligar y estar por encima de los demás. Una actitud que le impide tener unas habilidades sociales buenas y constructivas con los demás.
¿Cómo se manifiesta la agresividad verbal?
- Mordaz: Propenso a murmurar o criticar con acritud o malignidad normalmente ingeniosas.
- Intimidante. Diga lo que diga o diga como lo diga, su objetivo el conseguir el miedo, el temor y la inseguridad en el otro al punto de que dependan de él, física o psicológicamente.
- El sarcasmo es una burla mordaz con la que se pretende dar a entender lo contrario o manifestar desagrado. Su objetivo es ridiculizar y humillar al otro al punto de sentirse por encima de la persona humillada.
- Iracundo. Una emoción muy ligada a la ira, que no llevada bien, genera la violencia.
- Incontinencia verbal. Bajo ningún concepto te permite hablar. La persona violenta es la que suele manejar el diálogo. Si en algún momento te permite hablar es para abalanzarse una vez más sobre su víctima.
¿Cuál es su objetivo?
- Hacerte sentir poca cosa, incapaz, débil e inseguro.
- Hacer creer que es el bueno y que todo lo sabe.
- Que crean que tiene la autoridad total.
- Que se ceda en todo momento ante sus pretensiones.
- Desestabilizarte y hacerte caer siempre en la duda sobre ti mismo.
- Desenfocarnos de nuestra meta principal en la vida. Nuestra preocupación pasa de lo que queremos hacer realmente o preocuparnos en qué hacer para que el agresor esté bien con nosotros.
¿Qué hacer?
No es fácil tomar decisiones en estas situaciones.
- Cortar por lo sano. Cada vez está más claro que hay que alejarse de situaciones que te hacen sentir mal contigo mismo. Pero no siempre es fácil.
- Si las situaciones ocurren en ambientes de familia y hay hijos de por medio son complicadas. La mujer, por lo general, tiene más apoyos que el hombre. Hay situaciones económicas que impiden ese tipo de decisiones. Pero hay muchos ejemplos de personas que han decidido tomar nuevos caminos en su vida y ahí están, vivos y coleando.
- Si ocurren en un entorno laboral y con la situación de desempleo que se vive en ciertos países el problema se pone más duro. Cambiar de empleo con tanta incertidumbre no es fácil, se convierte en una tarea de héroes.
- En el entorno social tal vez sea más fácil. Romper y buscar grupos afines que ayuden a reconstruir tu vida siempre puede ayudar.
- No permitir que tu autoestima se sienta debilitada, bombardeada y diezmada. ¿Cómo? Tomando conciencia de que en el fondo yo no soy el problema. Tomar conciencia de quien soy, de los valores que tengo y de lo que he ido cosechando y alcanzando en mi vida me ayudarán a ello.
- Ignorar o mirar a muchas distancia lo que se dice. Mi foco tiene que estar en lo que yo quiero y deseo. Aceptaré mis errores y me disculparé de ellos, pero no asumiré más carga de la que me corresponde. Y tomar conciencia de que aún habiendo errores, yo no soy "mis errores", "soy persona con aciertos y errores? ¿Por qué centrarme sólo en los errores?
- Entrar en un difícil dialogo en que se pueda ayudar al violento a verse al espejo de una forma no de culpabilidad, sino más bien de aceptación en la que sepa que se le ama, se le respeta y se le ayuda a enfrentarse con su verdad. Se que es difícil, necesita una buena terapia. El libro "La terapia centrada en el cliente" de Carl Rogers puede ayudar a ello, pero reconozco que no ha de ser fácil
- Terapia. Tal vez pueda ayudar. La visión y las técnicas de profesionales como Carl Rogers y otros nunca vienen de más. El problema estriba siempre en que alguien se deje ayudar. Cuando alguien quiere, puede; y si puede siempre se puede lograr.
10/9/12
La violencia es
el miedo a los ideales de los demás.
Gandhi.
Es una frase que siempre me ha llamado la atención. La agresividad y la violencia responden muchas veces al miedo que tenemos a que los demás triunfen sobre nuestras ideas o proyectos. ¿Has visto esa reacción que se tienen en los partidos de fútbol cuando un equipo va perdiendo? Pierden los papeles, abandonan su tipo de juego y los nervios hacen que se genere violencia y se impongan unos valores sobre otros.
¿Es esta actitud una de no saber perder? ¿Por qué no sabemos perder? ¿Se ve afectada nuestra autoestima por no ser elegidas nuestras ideas o valores? ¿Está mi vida en función de si se me elige o no para algo? ¿Es el poder lo que da sentido a mi vida? ¿Es el poder un símbolo que nos afianza en libertad o nos afianza por el miedo que imponemos a los demás?
Con el miedo y la violencia sujetamos a muchos, con la libertad tal vez nos quedemos solos. Con la violencia mantenemos a personas a nuestro lado, sin ella tal vez nos veamos solos. Miedo y violencia son una manera de enmascarar las inseguridades que muchas veces tenemos. La libertad nos pone a prueba con nosotros mismos, más que con los demás.
25/5/11
Fortaleza y debilidad
Dicen que las apariencias engañan, y lo digo más que nada porque siempre se ha dicho que detrás de la violencia se encuentra la debilidad, mientras que detrás del perdón se encuentra la fortaleza. Tal vez sea así, y Jesucristo, así como Gandhí, lo dejan bien de manifiesto. Nuestra inseguridad nos lleva a mostrarnos fuertes, violentos y muy impositivos, con falta de flexibilidad hacia los demás. Intentamos ganar a la fuerza lo que no podemos lograr a través de nuestras palabras o simplemente a través de nuestras vidas. Y es que, en realidad, no tenemos ni que agradar ni convencer a todo el mundo. ¿Qué pasa si hay gente que no concuerda con nosotros? ¿Se acaba ahí nuestra vida?
El perdón, por el contrario, aparece como una gran fortaleza y herramienta en nuestra vida. No necesitamos imponer a los demás para sentirnos nosotros mismos; no dependemos del beneplácito de otros para seguir construyendo la vida día a día. La fuerza del perdón está en la seguridad de uno mismo y en la capacidad de ser libre ante los sentimientos y emociones de los demás, así como de sus formas de actuar y de vivir.
El que perdona, es libre. El que ejerce la agresividad, es esclavo no sólo de sus propios sentimientos sino también de las personas por las que se siente ofendido; le da cierto poder de controlar emocionalmente la propia vida de uno, y ello, lo quieras o no y por mucho que grites y seas agresivo, no es sino otra cosa que un claro síntoma de debilidad y de falta de control de la propia vida, de las propias emociones y de las situaciones que a uno le rodea,
Es por ello que para tener y vivir la fortaleza del perdón hace falta:
- Ser consciente de que uno es el propio dueño de su vida y de su manera de elegir la respuesta adecuada a cada estímulo que nos viene de fuera, o de dentro de uno mismo.
- Tener claro que perdonar es sinónimo de libertad interior. Nadie me condiciona ni con sus palabras ni con sus comportamientos.
- El mayor beneficiado del perdón es uno mismo, así como el mayor perjudicado de la agresividad también lo es uno mismo, pues jamás descansará en paz.
Piensa, sino, en las veces en las que has sentido agresividad y en las que has estado abierto al perdón, al amor, al equilibrio. ¿Dónde has crecido más? ¿Dónde has creído haber ganado más a nivel personal?
1/2/11
Violencia de género
Acaba el mes de Enero con siete víctimas mortales de violencia de género. La mayoría de ellas no habían presentado denuncia alguna de malos tratos. Algunas sí estaban en procesos de separación. Pero la realidad es que sus vidas han sido sesgadas de repente y de forma violenta. ¿Qué hay detrás de tantas muertes violentas? ¿Cómo es posible que acabemos destrozando vidas humanas?
Hace años, creo que era Hobbes, decía que el hombre era un lobo para el hombre. De hecho somos la única especie que se prepara para aniquilar a su misma especie. Lo hacemos de formas muy sutiles, una de ellas es la que abría mi reflexión, pero hoy podemos ver las situaciones de Tunez, Egipto, o las muertes anónimas de millones de seres victimas no de la violencia de género, pero sí de la desigualdad económica, política, social o como queramos llamarla o definirla.
A pequeña escala, la violencia de género, y a gran escala, las guerras o las situaciones de injusticia tienen que hacernos reflexionar sobre quienes somos, que papel desarrollamos en la vida y que hay y se esconde detrás de cualquier síntoma de violencia que podamos mostrar en la vida. La violencia, el mal trato, la agresividad y las formas injustas de tratarnos tan sólo intentan justificar aquello que mediante la vida y la razón no somos capaces de hacer. Nos hacemos más fuertes, nos imponemos, tratamos de forma déspota, pero después de todo, ¿qué es lo que queda de cada uno? ¿nos sentimos satisfechos con nosotros mismos? Tal vez la agresividad y la violencia solo nos dejen entrever algo mucho más duro: nuestra propia pobreza, nuestra baja autoestima y la nuestra carencia de recursos personales que en definitiva nos lleva a ver nuestra propia falta de credibilidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



