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13/7/17
27/11/14
Saber seguir un sistema
Creo que en nuestra vida admiramos a muchas personas, envidiamos sanamente a otros tantos que han cosechado éxito o que han logrado metas que a nosotros nos gustaría alcanzar. La vida es un sistema que sigue patrones que muchas veces desconocemos pero que están ahí. Poco a poco se van descubriendo. Hay otros patrones que están mucho más al alcance de la vista pues son actitudes y formas de hacer las cosas fáciles de ver o de averiguar pues se repiten en las personas de una manera natural.
El problema es que muchas veces no nos detenemos a observar el sistema que utiliza la gente, y las veces que nos paramos no queremos asumir los patrones a seguir, las responsabilidades a tomar y los riesgos a asumir. Pero los patrones están ahí y solo tenemos que fijarnos en ellos.
De una manera muy simple podríamos decir que los pasos suelen ser siempre los mismos:
- Definir de forma clara lo que se quiere y los propósitos que lleva a uno a querer algo. Aunque parezca absurdo no son muchas las personas que lo tienen claro. De hecho cuando empiezas a profundizar y a realizar preguntas al respecto son muchas personas que se encuentran perdidas y las que a base de preguntas acaban concretando metas u objetivos que en un principio desconocía pero que estaban en la base de sus deseos.
- Los objetivos no es lo mismo que el propósito. Es por ello que una vez conocido lo que me mueve a conseguir algo es importante concretar que es lo que me ayudará a conseguirlo, lo concreto, "lo que se quiere tener o conseguir2.
- Concretar el qué, el cómo y el cuando. A eso le llamaríamos planificación con lápiz y papel con todos los detalles de los pasos a dar y con fecha, que tal vez pueda ser flexible, pero que te exige ser mucho más concreto y pasar a la acción.
- Etapas y procesos. Los imposibles se hacen realidad cuando los dividimos en procesos mucho más fáciles de conseguir y cuando el conseguir dar un paso de forma efectiva nos anima a dar el segundo. Cada paso que demos nos permitirá ver que estamos siempre más cerca de la meta que si no damos ninguno.
- Visualizar el objetivo. Cuando lo imaginamos, sentimos, visualizamos ponemos nuestro cuerpo y nuestra mente en sintonía con lo que deseamos. Nuestra mente comienza a atraer todo aquello que deseamos e integramos en ella.
- Optimismo. Es la gasolina que nos alimenta a lo largo del camino y lo que nos permite ver los obstáculos como retos y oportunidades para alcanzar lo deseado. La mente positiva recibe muchos más estímulos que la que se cierra en el pesimismo.
- Constancia. Es la piedra angular. Quien no es constante difícilmente se deja llevar por las distracciones y por las dificultades. La constancia nos deja ver el grado de motivación e importancia que tiene para nosotros lo que perseguimos.
- Competir con uno mismo. Yo soy el peor obstáculo que me puedo encontrar. Es mi actitud, mi manera de pensar, el enfoque que le doy a las cosas lo que hace que siga adelante. No es lo externo a mi o mis propios competidores, sino yo quien tiene que crecer y luchar por mi mismo.
- Sentirte cerca y en camino. ¿Botella medio vacía o medio llena? Sentir que estás en camino, que todo es parte del proceso, que has dado pasos, que estás más cerca de la meta te anima y te fortalece.
- Ábrete a nuevas metas. Subir a la cima de la montaña te permite ver otras cimas a las que llegar. La vida es un continuo camino de crecimiento. Formación contínua y nunca estancarse en la vida porque "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente".
4/2/14
Todos tenemos en mayor o menor medida experiencias de fracaso en la vida, a nivel amoroso, económico, escolar, personal, laboral, etc. Y como alguien decía es importante que en la medida que nos levantamos sepamos ponernos en pie sin olvidarnos de coger algo productivo en lo que nos levantamos.
Como diría Edison el fracaso no existe, sino que lo que existe es el aprendizaje de saber como no se hacen las cosas e intentar descubrir el como sí se hacen.
De los muchos que han fracasado históricamente y que luego se han convertido en un referente para los demás podemos aprender que todos tenemos una parte, un algo que es especial y que podemos desarrollar para nuestro propio buen y para el bien de los demás. Encontrar ese algo que nos hace especiales, único y felices con nosotros mismos es la clave de la felicidad y del éxito personal. No podemos ofrecer nada que no nos llene a nosotros primero.
Lo importante es creer en nosotros mismos, disfrutar de aquello en lo que creemos y ser como el agua que fluye, que se encuentra con obstáculos, que sabe superarlos, saltándolos, bordeándolos o simplemente embistiendo contra ellos.
Es la creencia profunda en uno mismo, el goce de desarrollar lo que uno lleva dentro, el sentido de utilidad que podemos sentir cuando llegamos a los demás, lo que hace que seamos persistentes y sobre todo alegres en esa persistencia, pues la alegría la vivimos porque gozamos de lo que hacemos aún no llegando a la meta.
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