17/2/11

Excelenica o Mediocridad



En el día de hoy recibía un atento mensaje de alguien que trabajar en el campo sanitario sobre lo bajo que dejaba en la reflexión del día de ayer a éste colectivo.

Una de las cosas que hago hincapié es que no hablo de un colectivo determinado sino de las personas que, queramos o no, estamos inmersas dentro de los colectivos al que pertenecemos y que tenemos que afrontar dos cosas muy importantes: Una es que somos interdependientes y que nuestro trabajo influye, queramos o no, en la vida de los demás, de forma positiva o de forma negativa. Y el segundo punto es que independientemente del colectivo al que pertenezcamos tenemos, como personas, que aspirar cada vez más hacia la excelencia y escapar de la mediocridad.

Steve Jobs, fundador de Apple, le decía en una ocasión y a petición del mismo consejero delegado de Nike que lo que tenía que hacer una empresa como Nike era dejar "la mierda" a un lado y dedicarse a lo realmente bueno que tenían. 

Como personas y trabajadores no podemos permitirnos de caer en la rutina, en la dejadez y en la inercia porque ello nos llevará a la mediocridad y a la falta de mejores resultados en lo que queremos y en lo que la gente espera de nosotros. Y no es que dependamos de lo que la gente espera de nosotros, no. Dependemos de la calidad de lo que somos para poder ofrecer calidad a los demás y para sentir que nuestra vida es una vida de calidad.

La mediocridad no es el camino o la vocación de la persona humana, sino que es aquello que hace que no crezca ni se supere. Estamos llamados a dar lo mejor de nosotros mismos, a desarrollar y crear nuevos valores. La rutina, la confianza y la falta de metas y retos cada vez más grandes hacen que nos quedemos en la mediocridad.

Desde aquí lanzo un viva para todos aquellos que dentro de un sector u otro se desviven para ser mejores personas y profesionales cada día, y de esta forma, hacen más felices y más placentera la vida de los demás.

16/2/11

Trabajar con calidad




Su dolor era tan grande que salía por todos los poros de su piel. El sufrimiento era tal que las paredes y puertas de su habitación no conseguían mantenerlo aislado. La angustia que sentía era tal que desesperadamente llamaba a su madre que había muerto hace más de treinta años. A su lado dos personas que intentaban hacerla volver en sí, que dejara de sufrir y de gritar invitándola a que pensase que el dolor que sentía era algo que tenía que soportar sin más.

Una vez lavada era como una niña más que gemía agarrada a su almohada de hospital. Sus ojos cerrados por el dolor que había recibido, y una palabras inteligibles que salían de sus labios dejando entrever la amargura que llevaba dentro. Eran 79 años los que tenía encima y en los que daba la impresión que todo el dolor de la vida se había acumulado en tan solo cinco minutos que había durado el aseo de su cuerpo.

Una hora después, cuando el enfermero de turno entraba con su carrito para hacerle las curas, me disponía nuevamente con todala tristeza del mundo a oír su llantos y lamentos ante un dolor irresistible que ella iba a sufrir en propia carne una vez más. Era un enfermero que yo veía por primera vez pero que hizo llamar mi atención por la tranquilidad de su paso, la expresión serena de su rostro. Algo me hacía ver que él era diferente, pero que el dolor de esta pobre mujer iba a brotar nuevamente como cualquier ciclón que azota impunemente a todo aquello que se encuentra a su paso.

Salí, como de costumbre, de la habitación dejando a esta pobre mujer enfrentándose a su dolor y a mi madre, dentro de su particular dolor y situación, como testigo del sufrimiento que esta mujer iba a padecer una vez más. Mientras, y para no malgastar el tiempo, caminaba los cuarenta metros que hay de una esquina a otra del pasillo para hacer algo de ejercicio. Algo raro e inusual estaba ocurriendo mientras caminaba. No había gritos, ni llantos, ni rastros de dolor. Yo seguía centrándome en mi caminar hasta que unos veinte minutos después salió el enfermero de la habitación, yo entré en ella y vi a Josefa tranquila y con un visible rostro lleno de paz.

¡Josefa! ¿Qué paso? No la he oído llorar…..

Abrió sus ojos llenos de ternura, me dio su mano y mirándome fijamente a los ojos me contestó: “Ay, Fernandiño, meu fillo, si todos fueran como  este enfermero cuantas lágrimas y sufrimientos me hubiera ahorrado yo”.

Si, la vedad es que sí, le respondí.

Mientras le tenía agarrada su mano y ella tenía agarrada la mía, pensé en como a veces nuestros trabajos no tienen en cuenta a las personas, a sus vivencias, a sus sentimientos y a lo que pueden estar pasando en ese momento. Tal vez nuestras metas sean tareas, y no hacerlas lo suficientemente tan bien como hacer que de lo bien que las hacemos todos se sientan mejor.

Poco después le dije a ella y mi madre que corroboraba la falta de tacto que algunas personas podían tener: “Cuando os vayan a tocar, hacer las curas, a sentaros en la silla o en la cama mirar fijamente a los ojos de la persona que os lo va a hacer, dirigíos a ella y decirle: Yo se que eres la mejor enfermera del mundo, y que lo que vas a hacer lo vas a hacer también que no vamos a sentir dolor, porque se que eres la mejor.

Tal vez en esos momentos y cuando alguien nos lo diga en una u otra situación tomemos conciencia que podemos ser los mejores haciendo lo que sabemos hacer y haciendo que las personas que son objeto de nuestros trabajos, palabras y acciones vean la calidad que hay dentro de nosotros.

15/2/11

Yo pienso, tu piensas el piensa...



Dice la ventana de Johari que hay cuatro aspectos importantes sobre el conocimiento de uno mismo:

1. Lo que yo conozco de mi mismo y que tan solo yo conozco.
2. Lo que yo conozco y lo que otros conocen de mi.
3. Lo que otros conocen de mi, y que yo no conozco de mi mismo.
4. Lo que ni otros ni yo conocemos de mi mismo.

Son cuatro verdades como catedrales y de las que muchas veces no somos conscientes. Cuatro verdades que podrían hacer fluidas nuestras relaciones interpersonales de tal manera que muchos de nuestros conflictos podrían verse resueltos con una facilidad enorme. ¿Por qué?

Hay una actitud muy generalizada de pensar que lo sabemos todo de nosotros mismos, o de que lo sabemos todo de los demás. Damos por supuestas muchas cosas, que a lo mejor son y a lo mejor no. Tenemos miedo a mostrar ante otras personas lo que realmente pensamos o creemos de nosotros mismos y de los demás. Hay una gran laguna en torno a nuestras relaciones interpersonales: no saber afrontar la realidad en la que vivimos de forma clara, honesta y concisa.

Abrirnos a nosotros mismos y a los demás no es fácil, y ésta falta de apertura hace que estemos totalmente condicionados ante los demás, o que condicionemos a los demás ante nosotros. Ser conscientes de que no lo sabemos todo ni de nosotros ni de los demás, saber darnos y dar márgenes de confianza y sobre todo aprender a conocernos a nosotros mismos y a los demás desde todas las perspectivas posibles da una mayor claridad, objetividad y equilibrio a las relaciones.

Lo mejor es no pensar por nadie y estar abiertos a lo la vida y los demás nos permiten conocer de los demás y de nosotros mismos.

14/2/11

Dar de lo que uno tiene





"Pretendiendo complacer a los demás
nos abandonamos a nosotros mismos 
y en el fondo esperamos 
que algún día alguien haga por nosotros 
lo que nosotros no hemos hecho" 

Luis Díaz

Estoy seguro que ésta frase con la que encabezo la reflexión de hoy sería una frase con la que grandes personas que se han dedicado a hacer el bien por el mundo adelante no estarían de acuerdo, aunque en el fondo encierra una gran verdad: nuestras vidas, al ser interdependientes, siempre están esperando una respuesta por parte de aquellos a quienes queremos, con quienes trabajamos o que viven a nuestro alrededor. Pero también es cierto que quien se ama, se atiende a si mismo y se preocupa simplemente de dar lo que lleva dentro, está lo suficientemente preparado como aguantar muchas veces el temporal de la soledad y del no reconocimiento de los demás, 

La autoestima, la creencia en uno mismo, en los propios valores y en los objetivos que se ha marcado en la vida son suficientes para poder vivir de forma independiente y de no depender del reconocimiento de los demás, aunque ello sea duro. Los frutos, los resultados y el paso a paso de cada momento del camino de la vida van adquiriendo y dando sentido a la vida en si misma. El problema nos llega y nos agobia cuando carecemos, precisamente de ese sentido de la vida.

Los mejores momentos de mi vida, por ejemplo, y tal vez de la tuya que me lees, han sido aquellos en los que me he dado totalmente a los demás, aquellos en los que he dado de lo que había dentro y fuera de mi. La satisfacción que sientes, las sonrisas que ves a tu alrededor, las vidas a las cuales intentas aportar algo se hacen una fuente de crecimiento personal sin limites. Amas y el amor te lleva a crecer. Ayudas y ésta actitud te mueve a buscar nuevos medios. Te ofreces y ves como algo nuevo se estimula en ti.

Tenemos que amar, al menos en mi vida el amor le da sentido a ésta, y el amor empieza por cuidarse uno mismo para poder dar con mayor calidad a los demás. No puedo dar una sonrisa si no la llevo dentro, tampoco tranquilidad si yo no la vivo. Damos de lo que tenemos, es más en cuanto nos sentimos a gusto con nosotros mismos, menos estaremos esperando y demandando de los demás.


11/2/11

Saber vivir en la dificultad



No se que sorpresa me llevaré mañana cuando llegue al hospital cuando vaya a pasar la mañana con mi madre. Josefa, su compañera de habitación, tal vez reciba una desagradable noticia, la amputación de su pierna. Si estos días atrás se tiraba de los pelos, maldecía y lloraba por el dolor que tenía he visto como ayer y hoy su actitud reflejaba algo distinto y diferente. Mi hermanos me comentaban que había estado cantando. Mi madre, con sus pocas fuerzas, aprobaba esos cantos aunque ella no pudiera cantarlos, aunque si recitar sus letras. Me sentía satisfecho de la receta que le había dado en el día de ayer: reír cada quince minutos, que la final cambié por la de cantar cada quince minutos, pues el canto es un recurso natural en ella.

Hoy compartía conmigo una sensación de sentirse engañada por médicos y por su hija. Sentía que algo importante le estaban ocultando con respecto a su salud. Quise indagar en su miedo, un miedo que le hacía vivir con preocupación lo que pudiera pasar. Le pregunté que cosas podían pasar en cuanto a su situación. Le ayudé a vislumbrar lo posible: que la mandaran a casa, que se pudiera morir y que le pudieran cortar la pierna. Fue mencionar ésta última y saltar como una chispa para afirmar que sí. que era esa a la que le tenía miedo.

¿Qué pasaría si te cortaran la pierna?, le pregunté.

Pues que me quedaría sin poder caminar, me contestó. Tendría que quedarme en casa si poder moverme y confinada a una silla de ruedas. Sería una especie de puerta abierta a una muerte, añadió.

Saqué de mi bolsillo el teléfono móvil en el que tengo un vídeo de Nick, una persona con su sonrisa en la cara y con unas limitaciones impresionantes, pero que ha sabido hacer frente a ella. Cuando lo estaba viendo dejó salir una expresión de su boca acompañada de una sensación de sorpresa y de esperanza dentro de sí:

¡Válgame Dios! ¡Qué fuerza tiene este hombre!, dijo ella.

Es la fuerza que hay dentro de ti, la que llevamos todos nosotros dentro. Se quedó pensando y sin cara de preocupación. Era como una semillita de esperanza plantada en medio de su dolor.

Por la tarde cuando regresé me la encontré nuevamente cantando, mi madre escuchándola y admirándola por su valor y entereza, pues es conocedora de su estado.

Son momentos de buscar dentro de nosotros los recursos que nos hacen, permiten y nos lanzan a vivir, en vez de anclarnos en aquellas situaciones que nos paralizan. Al fin y al cabo nuestra vocación y el sentido de nuestra vida es vivir.

10/2/11

¿Enfocarse en el dolor?



Estaba justo en la cama de al lado. Su pierna completamente llena de llagas infectadas; su dolor lo suficientemente grande para que se tirara de los pelos sin piedad; su impotencia le llevaba, en medio de llantos, a implorar la ayuda de su madre, una madre que ya no estaba con ella. Su dolor llegaba a mi a través de dos cauces, el que veía en ella y el que podía llegar a ver en mi madre con su estado de salud un tanto crítico que está padeciendo.

Mi primera reacción, para ayudarla a ella y evitar que mi madre se viera afectada, fue invitarla a tener paciencia, a esperar con ilusión a que cesara el dolor. A medida que hablaba, ella más nerviosa se ponía, más expresaba su dolor y mayor era mi preocupación.

De repente le pregunté: Josefa, ¿en qué ha trabajado usted en la vida?

Ella sorprendida giró su cabeza hacia mi. Su mirada expresaba sorpresa. Un tono de desconcierto hizo que sus palabras se convirtieran en silencio y que, por unos breves instantes, su cuerpo dejara ver toda una duda que la abrazaba emocionalmente.

En la huerta de mi casa, contestó. He trabajado en la huerta de mi casa, prosiguió ella con cara de dolor. He sembrado patatas, lechugas. Tenía alguna vaca y algún cerdo, añadió. Gallinas que daban unos huevos bien amarillos, que mi consuegra dice que esos si son huevos de verdad. Y no utilizaba fertilizantes de esos nuevos que hay ahora. Abono natural, abono de los cerdos, de las vacas. Comida de calidad, sugirió ella.

Un buen rato estuvimos hablando. Una y otra pregunta iba y venía para saber algo de aquello que durante su vida había repercutido en ella de forma feliz y favorable. Largos minutos hablando mientras que mi madre observaba, escuchaba y seguía con su mirada en medio de su situación personal.

El llanto y el dolor se vieron apaciguados por una tranquila conversación que rescataba del baúl de los recuerdos situaciones de placer, de realización y de propio reconocimiento que uno va dando a su propia vida.

Al final le dije: Gracias, Josefa. Hace un rato sentía dolor, hemos hablado de cosas agradables e importantes para usted y, a medida que usted iba recordando y reviviendo esos momentos de su vida, ha dejado aparcado el dolor.

¡Que importante en enfocarnos en la vida! pensé. Si me enfoco en el dolor y la impotencia...., es lo que expreso. Si lo hago en el placer...., es lo que siento y transmito a la vez.

9/2/11

La madurez de los niños



Dice Nietzche que uno de los signos de madurez es la de saber vivir con la seriedad como la que tenía cuando jugaba de niño. La verdad es que echando una ojeada a como son los niños, y mi hija en concreto, observas que tienen esa capacidad de jugar a ser padres, maestros, de meterse en el mundo de la imaginación y fantasía y elaborar los propios sueños, monólogos o diálogos con toda la seriedad del mundo y con una dedicación plena metiéndose de lleno en el papel que desarrollan.

No importa si hay gente delante o no, tampoco se tiene un sentido del ridículo, del cual andamos sobrados los adultos, y no se tiene la concepción del tiempo. Tanto si estás sólo o acompañado vives todas y cada una de las situaciones con toda la intensidad que puedes: hablas solo, imitas gestos sin ningún tipo de condicionamiento, inventas lo que te viene a la mente, desarrollas tu capacidad creativa, etc.

A medida que vamos creciendo nuestra mente se va dividiendo: estamos en el trabajo y pensando en lo que tenemos que hacer después de él; acabamos el trabajo y nos llevamos a casa los problemas de éste. Vivimos el presente con miedo a lo que nos pueda venir en el futuro o altamente condicionados por lo que nos ha pasado tiempos atrás. Nos hemos dejado al niño en la propia niñez; hemos madurado hacia la propia inmadurez de dejarnos abrazar por miles de situaciones que en un momento determinado no están delante de nosotros.

Vivir plenamente el presente, con seriedad y alegría, dando todo lo que hay de nosotros mismos, dejando en cada paso una impronta de lo que realmente somos, sin miedos, sin condicionamientos, de forma libre y espontánea. Esa es la madurez de saber vivir el día a día, ya que como bien decía Jesús, "cada día tiene su afán".

8/2/11

Otra vez gracias



Cada día me sorprende más mi madre. Una mujer hecha de una madera especial que, en medio de su gran dolor dolor e impotencia transmite paz, tranquilidad y sosiego, y además de todo se abandona en la manos de Dios y de los que Dios ha puesto a su lado. Hace unos minutos se la llevaba la ambulancia, una vez más, hasta el hospital. La imagen que vino a mi mente de ella era la de un bebé que se deja llevar en brazos de uno y de otro, con la sencillez de su sonrisa, y la tranquilidad de quien se siente segura en manos de Alguien que le dio vida, le dio el poder de transmitirla biológicamente, y la sigue dando a aquellos que viven a su alrededor.

Ante el dolor ves en ella el simple primer gesto de quien se ve sorprendida por algo puntual, un pequeño gemido que te hace mirar para ella y un silencio que asume con tranquilidad y sosiego aquello que acaba de sufrir para dejar caer de repente un "ya pasó, no te preocupes".

Al verla, pienso en una frase de Albert Einstein que publiqué hace unos días en la que decía que la madurez de una persona llega cuando deja de pensar en si misma, y se preocupa por los demás. Veo en ella, como también lo he podido ver en otras personas, que cuando haces del dolor una parte real y compañera de tu vida, el dolor cobra sentido, el dolor te hace crecer y el dolor te hace más fuerte. Lo más importante de todo es que en medio del dolor todavía te ves generando vida, para tí y para los demás.

Podría decir que parece mentira que tengamos que aprender de las personas que luchan y batallan en el filo de la vida, pero éstas personas nos recuerdan que viven de valores y no de sentimientos, que las sostienen unas creencias en las que han basado toda su vida, y que en los momentos duros de la vida, la vida tiene una consistencia: la fe pura y dura, en el caso de mi madre, de un Dios que es algo más que un dogma, que una doctrina o una herencia cultural, un Dios que es fuente de vida para ella, y generador de vida, a través de ella, para los demás.

Otra vez, gracias, MAMÁ

7/2/11

Aceptación, un gran punto de partida



Aceptar la realidad y aceptarse como es uno es un bello comienzo para remontar en la vida, en los fracasos, en la enfermedad y en las situaciones adversas. La aceptación es un gran aliado con el que hay que contar siempre en la vida. A primera instancia podemos pensar que quien acepta arroja la toalla, se da por vencido o simplemente renuncia a cualquier tipo de aspiraciones. Pero, honestamente, creo que la aceptación no es renuncia, ni abandono ni un darse por vencido, ¿por qué?

En primer lugar la aceptación de la realidad y de lo que es uno es humilde reconocimiento de la realidad y de los recursos personales o externos con los que uno posee. No podemos vivir ajenos a lo que somos y tenemos. Es, precisamente, a partir de la misma realidad desde donde podemos iniciar no una lucha contra nosotros mismos sino una conquista de aquello que queremos conseguir. Aceptar, pues, es reconocer para poder adquirir lo que necesitamos para después alcanzar lo que deseamos.

Es curioso ver en enfermos que aceptan su situación una mayor apertura a su realidad, una mayor paz en lo que están viviendo y una mayor felicidad interior que les lleva a vivir la vida con una mayor madurez, como decía Einstein, de no centrarse ni en su dolor, ni en su vida sino en la de aquellos que les rodean. Y no hay cosa peor que luchar constantemente contra uno mismo y contra la realidad en la que vive.

Como decía Darwin sólo las especies que se adaptan, es decir que aceptan la realidad, logran desarrollarse más y sobrevivir, tal vez sea cuestión de un equilibrio interior.

4/2/11

Las gratas visitas



Me llamó un gran amigo que no veía desde hace tiempo, Juan. Me invitó a pasar por su casa para charlar un poco y para ofrecerle un producto en el que estaba interesado. Ésta mañana, nada más dejar la niña en el colegio enfilé hacia su casa. Estuvimos hablando largo y tendido sobre nosotros mismos, sobre nuestros proyectos y sobre esas cosillas que perseguimos en la vida. Cinco horas estuve allí con él hablando largo y tendido.

Lo más curioso es que nuestras vidas van por derroteros diferentes, en cuanto al aspecto laboral, pero la compenetración que sentíamos el uno con el otro, la gran amistad que nos une y el carácter creativo de ambos nos llevó a aterrizar en algo realmente importante: "Pon todas tus ideas por escrito", me decía. "Nunca sabes si las vas a necesitar", añadió. "El subconsciente nos engaña y cuando necesitamos de algo a veces no nos viene a la mente", prosiguió. "Y es más", añadió, "las palabras se las lleva el viento, y el papel lo guarda todo".

Y cuán cierto es la importancia de poner todo en un papel. Parece que no, pero el papel te da pespectivas, te ayuda a afinar la puntería, a tener en cuenta los detalles, a observar de forma detenida el proceso. Hace un momento una amiga me comentaba que de vez en cuando leía un proyecto que había realizado conmigo, que lo revisaba, le añadía cosas y que cada día tenía más claro lo que quería en su vida. Sabía hacia donde caminar, hacia donde apuntar, hacia donde dirigirse. La mente puede distraerse, el papel fija las metas, los pasos, los recursos, los planes "B".

Cuestión de escribir

3/2/11

Importancia de la estrategia



Ayer conversaba con una persona que me pedía una pequeña ayuda para iniciar un proceso de llegar al peso ideal para poder tener una mayor calidad de vida. Curiosamente mientras me dirigía a la oficina podía oír, esta mañana en la radio, un programa sobre intervenciones quirúrgicas para bajar peso. La coincidencia del tema de ayer con el de hoy me ha llevado a pensar en lo importante que es el trazar una estrategia en la vida para conseguir lo que quieres. Ya por la noche, mientras le leía un cuento a mi hija, podía leer en el mismo cuento la estrategia de un niño para que su madre le dejara ir de excursión cuando los padres consideraban que no era oportuno para él. Al final, y gracias a la estrategia, lo conseguía.

En el programa de la mañana me llamó la atención la aportación de una persona que llamaba para dar su experiencia: "Como con cubiertos pequeños, para así tardar más en comer, y por ello, comer menos". A él le funcionaba. Lo importante es que se había trazado un plan, una estrategia, una ruta a seguir con los pormenores a tener en cuenta.

Si queremos algo, tenemos que tenerlo en mente. Si queremos tenerlo en mente, es bueno tener claro por donde ir, y para ir, lo lógico y natural es trazarse un mapa. Incluso los que se lanzan a la aventura tienen un mapa en la mente, las pequeñas metas o etapas por las que quieren o tienen que pasar. Son los pequeños objetivos con los recursos a utilizar. Y para ello es obligatorio pensar y planificar, y eso es algo que nos cuesta, pero es el camino. Por tanto, ¿por qué no planificar y buscar las mejores estrategias?

2/2/11

La eterna pregunta



Me considero una persona preguntona. Pregunto porque quiero saber. Las preguntas te alejan de las dudas y te acercan a una verdad mucho más amplia. Con ella no especulas, ni te imaginas, ni tan siquiera interpretas. con la pregunta adquieres conocimiento de las situaciones y de las personas.

Me gusta que me pregunten. Cuando me preguntan por algo que escribo o por algo que digo o comparto me siento bien, pues considero que alguien me escucha y se interesa por aquello que llevo dentro. Pero también puede suceder que muchas veces se pregunta de tal manera que uno siente que intentan llevarle al huerto, que quieren encerrarlo en un callejón sin salida. Son preguntas que no tienen el afán de conocer y apreciar lo que uno comparte sino de que se confirme lo que el oyente quiere confirmar. Puede llegar a sentirse uno manipulado por lo que otra persona quiere llegar a oír y a escuchar.

Una de las cosas que más aprecio es, precisamente, eso: la pregunta. Uno se siente escuchado, al mismo tiempo que siente que se valora lo que lleva dentro. Preguntar y respetar. Preguntar para apreciar. Preguntar para valorar. Eso me me lleva a preguntarme, valga la redundancia, si soy de los que pregunto o de los que se queda con la duda, si soy de los que me intereso preguntando y valorando o de aquellos que simplemente me imagino o interpreto. 

Preguntar es simplemente el símbolo del interés por el otro.

1/2/11

Violencia de género



Acaba el mes de Enero con siete víctimas mortales de violencia de género. La mayoría de ellas no habían presentado denuncia alguna de malos tratos. Algunas sí estaban en procesos de separación. Pero la realidad es que sus vidas han sido sesgadas de repente y de forma violenta. ¿Qué hay detrás de tantas muertes violentas? ¿Cómo es posible que acabemos destrozando vidas humanas? 

Hace años, creo que era Hobbes, decía que el hombre era un lobo para el hombre. De hecho somos la única especie que se prepara para aniquilar a su misma especie. Lo hacemos de formas muy sutiles, una de ellas es la que abría mi reflexión, pero hoy podemos ver las situaciones de Tunez, Egipto, o las muertes anónimas de millones de seres victimas no de la violencia de género, pero sí de la desigualdad económica, política, social o como queramos llamarla o definirla. 

A pequeña escala, la violencia de género, y a gran escala, las guerras o las situaciones de injusticia tienen que hacernos reflexionar sobre quienes somos, que papel desarrollamos en la vida y que hay y se esconde detrás de cualquier síntoma de violencia que podamos mostrar en la vida. La violencia, el mal trato, la agresividad y las formas injustas de tratarnos tan sólo intentan justificar aquello que mediante la vida y la razón no somos capaces de hacer. Nos hacemos más fuertes, nos imponemos, tratamos de forma déspota, pero después de todo, ¿qué es lo que queda de cada uno? ¿nos sentimos satisfechos con nosotros mismos? Tal vez la agresividad y la violencia solo nos dejen entrever algo mucho más duro: nuestra propia pobreza, nuestra baja autoestima y la nuestra carencia de recursos personales que en definitiva nos lleva a ver nuestra propia falta de credibilidad.

31/1/11

Situaciones de estrés



Las situaciones de estrés son indicadores, por un lado, de aquello que para nosotros tiene importancia, son prioridades que tenemos que afrontar y cumplimentar y, por otra, sueles ser situaciones que hemos dejado ir sin control en nuestra vida y que nos hacen vivir la situación en sí con una mayor intensidad por encntrarnos, de una u otra manera, entre la espada y la pared. Por ello tenemos que aprender dos cosas importantes de éstas situaciones.

La primera es plantearnos lo que realmente es importante y prioritario en nuestra vida, y cómo darle el tiempo necesario para vivir esas prioridades. Lo digo porque generalmente cuando nos hayamos en situaciones límites es porque no le hemos dado la importancias necesaria a lo que realmente sí lo era.

Lo segundo, ¿por qué hemos llegado hasta donde hemos llegado? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿A que le hemos dado mayor prioridad?

Las distracciones en nuestro camino de la vida nos lleva, en muchas ocasiones, a darle más importancia a lo que no es importante y si secundario. Saber priorizar, saber cuales son los pasos que hay que dar en cada momento y tenerlos en cuenta cada día y en cada situación es fundamental para no encontrase en un momento determinado es escenarios y situaciones que jamás hemos programado y que van en detrimento propio.

Así pues, momentos de estrés, aunque no queridos son momentos en los que sí podemos aprender a saber manejar mejor nuestras situaciones.

28/1/11

Equilibrio en tiempos de crisis




 Nos aprietan por todos lados, 
pero no nos aplastan; 
estamos apurados, 
pero no desesperados; 
acosados, pero no abandonados; 
nos derriban, pero no nos rematan...

1ª Cor. 4,7

Siempre me ha llamado la atención éstas palabras de S. Pablo. Hoy en día podemos encontrarnos a mucha gente que puede sentirse agobiada, aplastada, apurada y acosada. Dentro de la familia y en lo que hoy se llama violencia de género podemos encontrarlo. Unas veces los hombre y otras, más calladas y menos frecuentes, las mujeres. En el ámbito del trabajo hemos conocido esa actitud de mobbing, la de hacerle la vida imposible a compañeros de trabajo para que sucumban. Incluso a nivel vecinal nos hemos encontrado a personas que han presionado fuertemente a vecinos para que abandonaran el barrio. Y no deja de ser frecuente el oír casos de acoso escolar. ¿podemos vivir con esa esperanza, equilibrio y serenidad que predica San Pablo?

Fuerte fuerza de voluntad por una parte y gran convicción, por otra parte, la que hace falta para mantener el tipo en estas circunstancias. Jesús, San Pablo, Gandhi y otras tantas personas nos han mostrado que el camino es posible. Hoy caía en mis manos una pequeña fabula de alguien que sonreía a pesar de los desprecios y de los insultos que eran proferidos hacia su persona. Después de tanto insistir sobre él y no conseguir que sucumbiera ante los insultos uno de los agresores le preguntó como era capaz de resistir ante semejante situación, La respuesta fue clara y concisa: "Cada uno de de lo que tiene".

Nuestra fe, nuestros valores y nuestras creencia, en definitiva, nuestra forma de pensar es la que conforma y modela todas y cada una de nuestras actitudes. Y es, precisamente, cuando las situaciones son totalmente adversas cuando más consistencia tienen y cuando más uno se aferra a ellas. En clave modernista estaríamos hablando de Inteligencia Emocional, Control Emocional, Equilibrio Emocional o cosas muy parecidas, pero siendo conscientes de que detrás de la Inteligencia, Control y Equilibrio descansa siempre nuestro sistema de ideas o creencias que son las que sustentan nuestras emociones y sentimientos y, por tanto, nuestras reacciones.

Es por ello que en momentos críticos siempre surge una invitación a pensar si realmente creemos verdaderamente en aquello que decimos creer y profesar.

27/1/11

70 veces 7



Hoy ha estado rondando por mi cabeza esta frase de Jesús en la que nos invita a perdonar hasta setenta veces siente. ¿Masoquismo? No creo. ¿Compasión? Tampoco. ¿Libertad? Si.

Siempre he creído y defendido que el mayor beneficiado del perdón es aquel que tiene que perdonar y mucho más que el que tiene que ser perdonado.

El que tiene que perdonar vive siempre con el resentimiento dentro de la cabeza. Carga con situaciones vividas que forman parte del pasado, pero que por cargar con ella, son un fardo muy pesado de llevar en la vida. De hecho le damos vueltas a la cabeza una y otra vez sobre las ofensas recibidas de tal manera que somos incapaces de vivir el presente de forma plena y, es más, dejamos de ser nosotros mismos para vivir condicionados por la ofensa y por aquel que nos ha ofendido.

Setenta veces siete es la señal de la libertad, de que uno controla su vida emocional, de que es congruente con su valores y creencias delante de quien sea y de que uno es libre ante las diferentes circunstancias en las que puede encontrarse. Y el perdón es tan sólo ante las personas, también lo es ante las situaciones de la vida y ante la vida misma. Es un estilo de vida.

25/1/11

Tiempos para cada cosa



Hay un tiempo para cada cosa bajo el cielo: tiempo de vivir y tiempo de morir, tiempo para amar y tiempo para odiar, tiempo para la guerra y tiempo para la paz, y así prosigue el libro del Eclesiatés. Y al mismo tiempo que difícil nos resulta saber vivir cada tiempo, especialmente los tiempos difíciles, los tiempos en que nos vemos perjudicados por la vida. Son esos tiempos de sufrimiento, de pobreza, de incomprensiones, de muertes cercanas o de situaciones que nos agobian. ¿Qué nos queda, después de todo, de éstas situaciones?

La mayor parte de las veces vivimos estas situaciones sin hacernos muchas preguntas clarificadoras. Vivimos inmersos en el llanto, en la tristeza, en el dolor, en ese sentirnos victimas desprotegidas de los vaivenes de la vida. Pero detrás de cada situación siempre hay algo que nos llama a aprender, a crecer, a evolucionar, a transformarnos, a ser más libres, más independientes, más autónomos y, por ende, mucho más humanos.

La fragilidad nos muestra, si somos capaces de pararnos tranquilamente a observar, la fortaleza escondida dentro de nosotros. Párate, por un momento, a pensar en situaciones pasadas, situaciones duras, momentos en los que has creído no ser capaz de salir a flote. La distancia del tiempo nos hace ver la situación en la que estamos ahora. Hemos sobrevivido, aprendido, crecido, asumido nuevos roles, desarrollado nuevas características. Y han sido esos momentos difíciles los que nos han ayudado a crecer.

Aceptación del momento, sentir la llamada a crecer y evolucionar, confiar en lo que la vida nos ofrece y nosotros podemos ofrecer a la vida, adaptarnos a las circunstancias....., todo eso es el quid de la cuestión. Y depende de nosotros, de nuestra actitud, de nuestra proactividad.

El amor y la rutina



Hay quien dice que la rutina ha matado al amor, y puede ser que sea una de las razones por las que el amor pueda ir apagándose en el día a día de las relaciones humanas. Pero la rutina no es sólo cosa de relaciones humanas, es algo que aparece en el trabajo haciendo que éste se convierta en algo tedioso, aburrido, agobiante al punto de que no hace que nos sintamos autorealizados. Pero podemos cometer un gran error si convertimos a la rutina en el causante de nuestros males. ¿Qué nos ha hecho caer en la rutina? 

Si observamos a los niños podemos encontrar una actitud bastante importante que es la curiosidad. Todo lo investigan, todo lo quieren saber, todo lo tocan, todo lo mueven. Poco a poco se van topando con una realidad que hace que crezcamos constantemente con una serie de limitaciones: los "no" que constantemente recibimos en la vida. ¿Te has parado a pensar en la cantidad de "no" que pronunciamos a lo largo del día, la cantidad de "no" que le pronunciamos a los niños y la cantidad de restricciones que se nos han puesto?

La curiosidad, el afán de investigar, de conocer, de saber, de valorar, de apreciar todo aquello que forma parte de nuestro entorno se ha visto mutilado. Nos hemos visto encasillados en vidas empobrecidas por prohibiciones y por rejas que han coartado nuestra libertad y, con ella, toda nuestra creatividad. A partir de ahí nos hemos alojado en el mundo confortable del que ya tiene lo que desea, lo que ha podido conseguir y del que cree que detrás de las personas ya no se esconde ninguna otra novedad que la haga peculiar, genuina y especial.

Nos convertimos en fósiles que caminan por la vida sin ilusiones ni esperanzas, sin sueños y sin la convicción que dentro de nuestras vidas hay todavía mucho petroleo que sacar. No somos conscientes que escondemos grandes tesoros, que todavía podemos dar más de sí, que la riqueza que esconde cada persona no acaba hasta el día del último suspiro, día en que todo se transforma y pasa a formar parte de otra realidad.

Rutina, ciertamente, lleva a la muerte, pero es la falta de credibilidad en uno mismo y en todo aquello que tienen y puede explorar dentro y fuera de si, la que le lleva a la muerte, al tedio, al sin sentido de la vida. renacer, resucitar, reanimar nuestros sentimientos y creencias, es el camino para combatir la rutina que nos acaba por destruir, a nosotros y a los demás: ¡Viva la curiosidad, la investigación, los nuevos pasos que hacen latir el corazón!

24/1/11

¿Premiar o enseñar a vivir?

Hay situaciones en la que se nos premia por conseguir objetivos. "Si apruebas, le decimos a los niños, te regalamos esto o aquello". En la vida profesional nos premian con dinero, ascenso de puestos, acciones de la compañía u otras cosas. Y en las relaciones afectivas puede pasar otro tanto de lo mismo, nos reconocen la palabra o nos la quitan, comos dignos de confianza o de repulsa o indiferencia. Al final, ¿qué es lo que perseguimos en la vida?

Tal vez un niño aprenda a perseguir un juguete, una bici, una muñeca u otro estímulo que le podamos dar. ¿A qué le damos más importancia? ¿Al estímulo o al objetivo que perseguimos? ¿Alcanzado el estímulo, porque se ha conseguido el objetivo, que queda? ¿Qué es lo importante? Lo mismo puede pasar en el trabajo, en nuestras relaciones interpersonales o en las de familia. ¿Valoramos más lo que se nos ofrece de recompensa o los valores que en el fondo pretendemos que se vivan?



Es fácil caer en la trampa de dar algo para conseguir otras cosas. El verdadero estímulo, el que tiene que motivarnos y movernos en la vida tiene que estar siempre dentro de nosotros mismos y no depender de ningún tipo de regalo o de favor, tienen que tener valor en si mismo.

Cuando hacemos las cosas porque nos gustan, porque nos dicen algo, porque aportan valores a nuestra vida, no necesitamos estímulos externos. Tal vez el reconocimiento al esfuerzo y a las habilidades desarrolladas puedan ser el mejor premio para nuestra autoestima. Cuando nuestro objetivo es el premio o recompensa, el verdadero valor queda en un segundo plano, por lo que pierde gran parte del valor que pretendemos darle.

Hacer las cosas por vocación, amor, realización personal y por aquello que nos hace sentir que vivimos, que somos alguien peculiar en la vida y que ofrecemos a la vida lo que somos, es una experiencia que nos hace sentir plenamente felices y satisfechos de nosotros mismos.


21/1/11

¿Cómo preguntas?




«Algunos hombres ven las cosas
 como estas son y dicen:
¿Por qué? (pensador concreto).
 Sueño en cosas que nunca fueron y digo:
 ¿Por qué no? (pensador creativo)».

George Bernard Shaw

Dependiendo de las preguntas que nos hagamos, depende, lógicamente, las respuestas que obtengamos. Un arte que debemos de dominar en nuestras vidas es precisamente el de saber hacernos o hacer las preguntas correctas en los momentos concretos y de la forma correcta.

Ante las situaciones que vivimos podemos preguntarnos el porqué de las cosas y muy probablemente obtengamos las causas de las cosas pero, ¿podríamos ir más allá? Los porqués de las situaciones tal vez nos ayuden a comprenderlas, pero nos ayudan a salir de ellas? Tal vez no.

¿Qué me quiere decir esta situación? ¿Qué puedo aprender de ella? ¿A que me invita esta situación? ¿Por qué no hacer esto o aquello? Son preguntas que no nos dejan estáticos o parados en una situación concreta, sino que nos abren a situaciones y experiencias nuevas, con sus pros y sus contras, pero que enriquecen nuestras vidas.

La vida es una constante donde las preguntas nunca deben estar de lado. Es bueno saber los porqués de las cosas, pero también preguntarse hacia donde podemos avanzar desde cada situación.

Curiosamente: ¿cuántas preguntas nos hacemos durante el día? ¿qué tipo de preguntas nos hacemos? ¿Qué tipo de personas somos a través de las preguntas que nos hacemos? ¿hacia dónde nos llevan esas preguntas?