16/5/16

Meditar y Compartir


Meditar. Fuente de aprendizaje.

Cuando tenemos problemas o lo pasamos mal tenemos la costumbre de mirar hacia afuera, de señalar culpables y de buscar fuera de nosotros mismos los responsables de todo lo que nos pasa. Pocas veces miramos hacia el interior de nosotros, sabiendo que la mayor parte de las veces es ahí donde podemos encontrar mucha luz y mucha parte de nuestra responsabilidad.

Cuando tenemos esa capacidad de guardar silencio dentro de nosotros mismos suelen ocurrir varias cosas importantes.
  • No luchamos contra nadie, por lo que la mente se acalla y comienza a ver con mucha más claridad. Mientras luchamos contra las adversidades nuestra mente está centrada en ellas y no es capaz de ver otra cosa sino lo que tiene en la mente.
  • Cuando la paz se hace realidad en nuestra mente ocurre lo mismo que cuando dejamos de revolver el agua sucia. La suciedad tiende a depositarse en el fondo y permite ver con más claridad.
  • Al ver con más claridad podremos observar cosas dentro de nosotros en relación a aquello contra lo que luchamos que nos permite conocernos mejor, ver detalles de nosotros mismos que ignorábamos e incluso aspectos de la realidad de los que tampoco éramos conscientes.
  • En relación hacia los demás no nos damos cuenta de que muchas veces cuando hablamos de situaciones o de personas os estamos dando más a conocer a nosotros mismos que a las personas o situaciones de las que hablamos, por lo que pueden ser piedras que lanzamos contra nuestro propio tejado.
Es cierto que las penas llevadas por varios alivia la carga, pero son cosas que hay que hacer en contadas ocasiones y cuando realmente necesitemos desahogarnos, pero siempre con la finalidad de conocernos mejor a nosotros mismos y a nuestros sentimientos que en criticar lo que no merece la pena criticar.

Compartir lo positivo.

Siempre es mucho mejor compartir lo positivo y agradable que lo negativo. 
  • Lo negativo generalmente no aporta sino dolores de cabeza y tristeza a otras personas. Lo positivo, por el contrario, aporta energía y vida a los demás. 
  • La negatividad acaba haciendo que la gente rechace, mientras que ser positivo hace que la gente te busque.
  • La positividad hace que expandamos nuestra mente, mientas que la negatividad nos encierra en un círculo que nos desgasta y empobrece.

13/5/16

La buena comunicación.


La comunicación eficaz.


Preciosa esta pequeña historia de la que reflexionando un poco se pueden sacar varias conclusiones.

Capacidad de sorpresa. 

No me digas que esta niña no ha dejado sorprendido a propios y a extraños con su actitud novedosa de morder la manzanas al mismo tiempo. La verdad es que fue original. No hay lugar a dudas.

Imaginarse lo peor. 


La verdad es que es mucho más fácil imaginarse las cosas que comunicarse en si, Y si a la hora de pensar nos imaginamos lo peor somos unos auténticos artistas. Los prejuicios o la negatividad que llevamos encima nos ayuda a ver la vida como no es en realidad. ¿Y si la madre preguntara antes de cambiar su rostro de forma apenada y triste por qué estaba haciendo lo que hacía la niña en ese momento. A los adultos que nos pregunten no nos gusta mucho, pero los niños son un libro abierto sobre todo cuando están en un momento de generosidad como ese. 

Habilidades comunicativas.

Habilidades comunicativas deficientes, como acabo de mencionar. Imaginamos y reaccionamos con lo que tenemos en la mente en vez de utilizar un don tan espléndido como el que tenemos la raza humana. La comunicación no invasora y respetuosa siempre es un acicate para una buena relación, un mayor entendimiento de las cosas y sobre todo para vivir y profundizar en la realidad tal y cual es.

Percepción de nosotros o de los demás.

Lo que percibimos y lo que molesta del otro, ¿no será tal vez una proyección de lo que no nos gusta y no aceptamos de nosotros mismos? Como acabo de leer esta tarde en esta vida aprendemos de todo, dice Paulo Coeho, incluso de las derrotas. Aprender de lo diferente, de lo inusual o de lo que no cuadra en nuestra mente puede ser una de esas lecciones que nos da la vida.



12/5/16

Sentido de pertenencia

sentido de pertenencia

Sentido de pertenencia.

El sentido de pertenencia es algo que lo que siempre se ha dicho que es uno de los rasgos más importantes del ser humano como persona social por naturaleza. Hoy han salido unas declaraciones un tanto sorprendentes de una política catalana, región española, en la que abogaba por un nuevo estilo de familia en el que los hijos se tuvieran en comunidades, tribus decía ella, con lo que el sentido de la dependencia y de la pertenencia dejarían de ser un problema para las personas.

Nunca se sabe por donde va a salir el sol pero la realidad es que el sentido de pertenencia es algo que nos ayuda a crecer como personas humana. De una manera u otra nos sentimos parte de los diferentes grupos sociales en los que interactuamos a diario. La familia es uno de ellos, como lo es el trabajo en el que estamos una buena parte del día.

Beneficios del sentido de pertenencia.

Si miramos la realidad en la que generalmente vivimos, puesto que la excepción siempre confirma la regla, "pertenecer" a un grupo siempre nos da una serie de ventajas. El primer grupo al que pertenecemos nada más nacer es el de la familia donde, curiosamente, estamos mucho más tiempo que el resto de las especies. Más de 18 años solemos convivir por norma general. ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Nos ayuda a crecer? ¿Retrasa nuestra madurez?
  • Protección. Lo que sí es claro es que estar en un núcleo familiar y más tarde laboral te da ese sentimiento de seguridad y apoyo que todos necesitamos. Creo que los animales demuestran como cualquier ser humano que saben proteger a sus crías de cualquier peligro exterior e incluso facilitan los medios para los primeros estadios de su vida. La "familia" se convierte en un nido de protección, de apoyo y de aprendizaje.
  • Entrega. No todos damos lo mismo por cualquier persona. Aunque estoy convencido de que no deberíamos de reparar en amar en ningún momento de la vida considero que cuando se trata de la propia sangre, del propio pueblo, del país de origen, hay algo que nos mueve de una manera mucho más profunda y manifiesta. El sentido de pertenencia y de cercanía calan hondo dentro de cada uno de nosotros. Otra cosa es que los núcleos familiares, sociales y políticos nos paralicen con tanto proteccionismo que no nos ayuda a crecer en la vida. Pero lo que sí es claro y evidente es que por un hijo, hermano, padre haríamos lo indecible y la motivación sería mucho más grande. Dejar el sentido de pertenencia, aniquilarlo, sería como cortarnos de raíz algo que es inherente al ser humano, el afecto humano, y sobre todo ese afecto que forma parte de nuestros genes.
  • Motivación. Es por ello que rendimos mucho más en el trabajo cuando nos sentimos parte de un proyecto, y que dedicamos más horas al trabajo, si es necesario, por el bien de la familia. Y que cuando sientes en tus brazos la vida de un hijo eres capaz de remover Roma con Santiago para sacarlo adelante cuando hay una enfermedad o circunstancia que se le viene encima. ¿Tendríamos la misma motivación por cualquier otro tipo de persona? Tal vez estaríamos dispuestos ayudar pero no tanto como se trata de alguien cercano y de la misma sangre.
  • Autoestima. Dentro del círculo cercano, el de la familia y el trabajo, podemos sentirnos valorados y apoyados. Eso nos hace sentir bien. Sabemos que, incluso los animales, cuando se sienten bien rinden y producen mucho más. Todos sabemos lo que significa sentirse amados y como eleva tus capacidades de trabajo, creativas, de relaciones y de aporte de vida y de energía a los demás. Quitarnos un sentido de pertenencia, ¿no sería aniquilar ese espíritu que nos impulsa al sentirnos amados y queridos por parte del grupo.

10/5/16

Felicidad. ¿Dentro o fuera de uno?

Felicidad. ¿Dentro o fuera de uno?

Felicidad. ¿Dentro o fuera de uno?

La felicidad. Es curioso, ¿verdad? ¿Dónde está la felicidad? ¿Dentro de nosotros? ¿Fuera? ¿La felicidad nos la dan las personas con las que vivimos o trabajamos? ¿Nos la da las cosas que tenemos? ¿Dónde, dónde está la felicidad?

Yo creo que hemos sido creados, o hemos venido a la vida para ser felices. También creo que sería enormemente injusto que esa felicidad no estuviera al alcance de nuestras manos. Desde mi punto de vista de creyente "somos imagen y semejanza de Dios" no en cuanto a nuestra forma corporal, sino más bien a lo que es la esencia de Dios: "vida, amor y energía".

Creo que nacemos con la capacidad de ser felices de forma autómata. Basta con ver a los niños para ver la capacidad de ser felices que son en medio de cualquier tipo de circunstancia. Saben sobreponerse muy bien porque saben vivir el momento.

Tal vez nuestra conciencia del pasado y del futuro hacen que vivamos más pendientes de ello que del propio presente de nuestra vida y que nos perdamos gran parte de nuestra vida sufriendo por lo que ya no existe ni por lo que todavía no ha llegado a existir.

También creo que tenemos una actitud de ser felices "si" conseguimos esto o aquello. Y mientras tanto ¿qué? ¿No podemos ser felices? ¿Es la felicidad la consecución de algo o más bien el encuentro con uno mismo y el cómo puedes mostrar lo que eres y tienes dentro de ti al mundo?

Soy consciente de que las personas que más felices son son aquellas que dan de lo que son y tienen y observan como distribuyen vida, energía y amor a su alrededor. Es muy difícil ver a una persona amar y no ver el reflejo de la felicidad en su rostro.

Por el contrario es más difícil encontrar esa cara de felicidad en las personas que siempre están esperando y dependiendo de que los demás les den lo que necesitan.

No puedo esperar la felicidad de nadie ni de nada. La felicidad depende de mi, de cómo vivo cada situación de la vida. Yo soy feliz en la medida en la que me acepto y en la que me quiero. Aprecio lo que soy y las cualidades que tengo que no siempre son las mismas que otras personas. Y soy feliz con ello.

Es entonces cuando puedo amar, dar de lo que soy y tengo. No espero a que me hagan felices porque puedo serlo por mi mismo y compartirlo con los demás. Bien decía Jesús que Amar a Dios era el primero de los mandamientos, puesto que Dios es todo, vida, amor y energía. Y que el segundo era "amar al prójimo como a uno mismo". No puedes amar al prójimo como a ti mismo si antes no te amas. Y es del amor a ti mismo de lo que das, repartes y compartes en la vida.

El equilibrio está en sentirse imagen y semejanza de Dios por la capacidad de generar dentro de ti lo mismo que Dios: Vida, amor, energía, paz, cercanía, etc

Autocontrol


Si tuviéramos que elegir entre la fuerza y el poder, ¿qué elegiríamos? ¿Y si tuviéramos que elegir entre dominar a los demás y dominarnos a nosotros mismos? 

Cuando miramos hacia nuestro alrededor podemos observar a muchas personas que se arman de fuerza para dominar a los demás.
Desde un punto de vista político lo hacen para dominar y prevalecer sobre los demás. Muchas veces a costa de la propia ignorancia y a sabiendas de no le están haciendo un gran favor al pueblo. Hay casos donde se puede palpar la miseria humana, la falta de libertad de los derechos fundamentales de expresión o incluso de poder decidir. La fuerza del poder en forma de coacción en detrimento del pueblo son una realidad. La pobreza del poder se impone sobre la riqueza del pueblo. ¿Será para tapar las propias miserias y complejos que uno tiene? ¿Será para esconderse detrás de una absurda riqueza material que niega la propia riqueza personal?
Desde el punto de las relaciones meramente humanas y sociales vemos también la misma lucha en forma de rivalidades que llevan muchas veces hasta la muerte. Luchas de genero entre hombres y mujeres, luchas entre partidos políticos donde lo importante es la descalificación y la llegada al poder antes que soluciones reales a los asuntos que preocupan al pueblo.
Pero el poder del que menos se habla es del poder que uno mismo tiene que realizan dentro de sí mismo para no ser esclavo de sus propias palabras, de sus propios sentimientos, de sus propias actitudes. 

Tendemos a culpabilizar a los demás y a someterlos a lo que pensamos, queremos y deseamos. ¿Y nosotros? ¿Somos capaces de exigirnos y de controlarnos a nosotros mismos?

La gran fuerza que tenemos y poseemos es la del autocontrol, porque nos mantendrá firmes en lo que queremos y deseamos.


 

9/5/16

SÉ COMO UN MUERTO


  Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:

  --Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.

  El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.

  --¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.

  --Nada dijeron.

  --En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.

  El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:

  --¿Qué te han respondido los muertos?

  --De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.

  Y el maestro concluyó:

  --Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.

  *El Maestro dice: 
Quien hoy te halaga, 
mañana te puede insultar 
y quien hoy te insulta, 
mañana te puede halagar. 
No seas como una hoja 
a merced del viento 
de los halagos e insultos. 
Permanece en ti mismo 
más allá de unos y de otros.


7/5/16

Liberar la mente.



Dos monjes, Tanzán y Ekido, viajaban juntos por un camino embarrado. Llovía a cántaros y sin parar. 

Al llegar a un cruce se encontraron con una preciosa muchacha, vestida con un kimono y un ceñidor de seda, incapaz de vadear el camino.

-Vamos, muchacha -dijo Tanzán sin más. Y, levantándola en sus brazos sobre el barro, la pasó al otro lado.

Ekido no dijo ni una sola palabra, hasta que, ya de noche, llegaron al monasterio. Entonces no pudo resistir más.

-Los monjes como nosotros -le dijo a Tanzán- no deben acercarse a las mujeres, sobre todo si son bellas jovencitas. Es peligroso. ¿Por qué lo hiciste?

-Yo la dejé allí -contestó Tanzán-. ¿Es que tú todavía la llevas?


6/5/16

Lo que aceptas, te transforma.


¿Has luchado alguna vez contra el insomnio? La verdad es que es duro. Es algo que te fastidia. En tu lucha, cuando no aceptas que no puedes dormir, buscas todas y cada una de las posiciones para poder dormir. De un lado y del otro, hacia arriba o hacia abajo, abrazando la almohada o poniéndola a los pies, apoyando los pies en alto contra la pared o acostándote en sentido contrario. Lo que si es realmente curioso es, que cuando aceptas que no puedes dormir, te caes dormido sin darte cuenta.

Hace unos años escuchaba a una persona que entraba a dar su opinión en un programa de radio que lo primero que decía era que estaba muy nerviosa. Los que conducían el programa le dijeron que no se preocupara y que cuando los nervios le jugaran una mala pasada lo comprenderían. Lo más curioso de todo es que entro reconociendo y aceptando que estaba nerviosa y durante su intervención no mostró nerviosismo alguno.

Cuando hablamos de la aceptación de los demás creo que puede ocurrir otro tanto de lo mismo. Recuerdo un cuento de Tony de Mello en el que se le pedía a un alcohólico que cambiara de actitud. Le explicaban los mil y un motivos para poder hacerlo: salud, familia, economía, trabajo, etc. El siempre lo intentaba y nunca lo conseguía, aunque lo que podía ver es que las personas se alejaban de él al ver que no cumplía con sus promesas. En cierta ocasión una persona muy querida se acercó a él al verlo triste y desolado y le dijo: ¡No cambies!, yo te quiero y acepto como eres. A partir de ahí dejó de beber alcohol.

Cuando no aceptamos algo entablamos una lucha en dos sentidos:
  • Por una parte luchamos contra la realidad. La queremos cambiar y transformar. La vemos como una enemiga.
  • Por otra parte luchamos contra nosotros mismos, porque queremos cambiarla y vemos que no somos capaces.
Mientras nuestra mente esté ocupada en lo que no queremos y rechazamos le estamos regalando todas nuestras fuerzas a lo que detestamos.

Cuando nuestra mente acepta y no rechaza encuentra la tranquilidad para iniciar el cambio desde esa tranquilidad y desde ese equilibrio.

Cuando aceptamos el insomnio acabamos durmiendo antes, cuando acabamos aceptándonos tal y como somos nos centramos en lo que queremos. Y cuando somos capaces de aceptar a los demás somos capaces de ofrecer la tranquilidad a las personas que no la encuentran dentro de si mismas al punto de transformarlas sin que haya intención o presión sobre ellas.

Es el pacto con aquello que rechazamos y no queremos lo que nos da fuerzas para colocar nuestra mente y nuestra energía en lo que realmente queremos. Es desde la tranquilidad de la aceptación desde donde iniciamos el camino no de huída de lo que no queremos, sino del encuentro de lo que sí buscamos. Nuestra mente se centra en lo que hay, y desde lo que hay se camina hacia lo que se desea.


5/5/16

Un pollo de tres kilos


Vio un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:
– Tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo.
– ¿Cuánto pesa éste?
El pollero repuso:
– Dos kilos, señor.
El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:
– Éste no me vale entonces.
– Sin duda, necesito uno más grande.
Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión. Cogió el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:
– No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.
Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:
– Éste es mayor, señor.
– Espero que sea de su agrado.
– ¿Cuánto pesa éste? – preguntó el cliente.– Tres kilos – contestó el pollero sin dudarlo un instante.
Y entonces el cliente dijo:
– Bueno, me quedo con los dos.
Maestro: En un conflicto tal se halla todo aspirante espiritual cuando verdaderamente no se compromete con la Búsqueda.



4/5/16

Una forma de vivir: Amando


El amor, un estilo de vida.


Me ha encantado esta frase que me acabo de encontrar en el Facebook. Tiene mucho sentido porque creo que a veces confundimos el amor con meros sentimientos en vez de una opción de un estilo de vida que sentido a la misma vida.

Hay momentos en los que decidimos dejar de amar. Lo hacemos de forma clara y evidente cuando nos enfadamos con alguien y dejamos de hablarle, o cuando el rencor se apodera de nuestra mente y de nuestro corazón. También ocurre cuando el resentimiento se convierte en la carga que llevamos a diario. Hay situaciones que nos levan a renunciar temporal o definitivamente al amor en nuestra vida.

¿Qué sucede cuando el amor deja de ser el eje central de nuestra vida?

Creo que no hace falta ser tontos para darnos cuenta de lo que sucede en nuestra vida cuando el amor, y no hablo del amor romántico y sentimental que podemos sentir hacia otra persona que bien puede ser nuestro compañero o compañera de viaje. Me refiero al amor en general que hace posible el que podamos acercarnos a los demás de una manera totalmente altruista y generosa.

Todos sentimos un gran aprecio y admiración por las personas que dan sus vidas para ayudar a otros, desde los misioneros hasta los médico que se van en misión humanitaria a otros países con necesidad. Todas las personas que ejercen el amor de una manera voluntaria tienen un denominador común: la vida es bella, la sonrisa siempre en los labios, las dificultades se convierten en retos y es muy difícil encontrarse con la tristeza sino la de ver a gente padeciendo.

El amor aporta a nuestra vida energía, alegría, fortaleza, ganas de vivir, constante afán de superación y otras tantas cosas que siempre serán un buen recuerdo de una buena vivida.

La opción fundamental.

Cuando el amor es el eje de nuestra vida la mirada siempre se dirige a lo positivo. Lo negativo siempre parece o desaparecer o quedarse en un segundo, tercer o cuarto plano. ¿Por qué? Porque si hipotecamos nuestra vida a las malas experiencia jamás seremos felices ni libres. Somos libres en la medida en la que somos capaces de amar. Desde el momento en que nos dejamos arrastrar por las malas experiencias tenidas nos sometemos a esas experiencias y dejamos de ser nosotros mismos. La falta de una sonrisa libre en nuestra vida es la que nos muestra esa realidad.

El amor como estilo de vida.

¿Realmente creemos en el amor? ¿Por qué creemos en el amor? ¿Por qué dejamos de amar en situaciones? El amor tiene sentido en si mismo, a veces totalmente incomprensible para quien no lo vive, pero enteramente comprensible para quien sí lo vive. Experimenta la libertad de ser persona en si misma y no dependiente de las circunstancias. Tal vez es consciente del bien que hace a otros, pero es mucho más consciente del bien que se hace a si mismo amando, puesto que es libre para ser el mismo: Imagen y semejanza de Dios, es decir, Amor.

3/5/16

Terapia contra la avaricia.



Era un monarca sumamente ambicioso y rapaz. Un día estaba paseando por los descomunales jardines de su fastuoso palacio y de súbito se dio cuenta de que ante él aparecía un mendigo. El rey percibió en seguida que el hombre no era peligroso e incluso exhalaba una atmósfera de quietud, por lo que se dirigió a él y le preguntó:
— ¿Qué haces aquí?
El pordiosero presentó lo que parecía una escudilla ante el monarca y le dijo:
— Tú eres uno de los hombres más ricos del mundo, pero siempre quieres más. Si puedes llenar mi escudilla con monedas de oro, te diré cómo conseguir un fabuloso tesoro.
El rey pensó que nada tenía que perder y su avidez le dijo que por qué no probar. Llamó a uno de sus asistentes y le ordenó que trajera una bolsa de monedas de oro. Una vez la tuvo en sus manos, la abrió y comenzó a echar monedas en la escudilla. Ante su sorpresa, no pudo llenarla. Exigió que le trajeran entonces un saco lleno de ellas y comenzó a verterlas sobre la escudilla, pero ésta seguía vacía. Trajeron varios sacos de monedas de oro y sucedió lo mismo. El monarca ordenó que trajeran todos los tesoros del reino y todos los engulló la escudilla. Desesperado, preguntó:
— ¿Por qué no logro llenar tu miserable escudilla?

El pordiosero se encaró al monarca y le dijo:

— Eres más mendigo que yo, mucho más.

El rey estaba estupefacto. Entonces el mendigo dio la vuelta a su escudilla y resultó que ésta, por el otro lado, era un cráneo humano.

— ¿Te das cuenta, señor? Así es el ser humano. Por mucho que le des, nunca está satisfecho y continúa sintiéndose interiormente vacío. Nada puede saciar su voracidad; nada puede llenar su vacío interior.
— ¡Eres un mago! –vociferó el monarca–. Te haré ahorcar.
— Te equivocas, señor. No soy más que un pobre ermitaño, sólo eso, pero este cráneo-escudilla sí es mágico, porque fue el cráneo de un gran demiurgo. Él refleja perfectamente cómo es la cabeza del llamado ser humano: siempre pidiendo más, ansiando más, esperando más. ¿De qué sirve ser un monarca si tu mente es mucho más pobre que la de un mendigo?
Entonces el rey tuvo un destello de comprensión profunda. Efectivamente, él había sido siempre el más mendigo de los mendigos.

2/5/16

Abiertos al cambio


¿Por donde empezar? Porque la verdad es que cuidamos de nuestra higiene corporal de forma ordinaria. Pero la higiene mental o psicológica comienza en todos y cada uno de los pensamientos a los que le damos cabida en la mente. Y no hay peor tormenta que la que uno decide crearse por si mismo en la cabeza.

Todos pensamos, pero también es cierto que hay muchos pensamientos irracionales en nuestra mente. Pensar es gratis pero ¿filtramos realmente todo aquello que llega a nuestra mente? Damos por cierto muchas cosas sin profundizar en ellas. La ciencia tiende a comprobar y contrastar todo. Pero nuestros pensamientos habitan en nuestra cabeza de forma gratuita con todas las implicaciones que tienen en nuestras palabras, actos, hábitos y el destino de nuestra vida. ¿Nuestro Karma?

Ya lo decía bien claro Einstein, Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. ¿Por qué? Y sabiendo que son los pensamientos que tenemos los que acaban por moldear nuestra vida deberíamos estar más abiertos a cuestionarlo, pero la realidad es diferente. De hecho hace unas horas leía una frase de Benedetti que decía más o menos "En la vida tenemos que evitar tres cosa CIRCULOS viciosos, TRIANGULOS morosos y mentes CUADRADAS.

La mente, por su gran importancia en nuestra vida, debería estar filtrando de forma constante todo aquello que decide mantener como fundamental para nosotros, Ser cuadrados de mente nos cierra a cuestionar cuanto hay de irracional en nosotros y a someternos muchas veces a ideas sin fundamente y ridículas que echan a perder nuestras vidas.

Una de las ideas y pensamientos que más nos frenan y que más condicionan nuestras vidas es el miedo. Los miedos que, estadísticamente, no llegan a hacer realidad aquello a que tememos en el ochenta por ciento de las veces.

¿No sería bueno, pues, tener una buena higiene mental?



29/4/16

La rana positiva

A veces la actitud positiva consiste es saber escuchar tan solo a los sentimientos que nos mueven por dentro. Mientras hay personas que tienden a desmoralizar y desmotivar, nuestra fe y actitud pueden lograr lo que muchas veces se nos niega desde fuera.

28/4/16

Un hermitaño en la corte




En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero. Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó: 

--¿Acaso eres un visir? 

--Mi rango es superior al de visir -repuso el ermitaño. 

--¿Acaso eres un primer ministro? 

--Mi rango es superior al de primer ministro. 

Enfurecido, el primer ministro inquirió: 

--¿Acaso eres el mismo rey? 

--Mi rango es superior al del rey. 

--¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro. 

--Mi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó: 

--¡Nada es superior a Dios! 

Y el ermitaño dijo con mucha calma: 

--Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo. 



Más allá de todas las categorías y dualidades, 
del ego y los conceptos, 
está aquel que ha liberado su mente.


27/4/16

El ombligo de oro



Érase un hombre, dijo el Maestro, con un ombligo de oro que le ocasionaba constantes apuros, porque, siempre que se bañaba, era objeto de toda clase de bromas. 

El hombre no hacía más que pedirle a Dios que le quitara aquel ombligo. 

Por fin, una noche soñó que un ángel se lo desenroscaba y lo dejaba encima de la mesa, tras de lo cual se esfumó. 

Al despertar por la mañana, comprobó que el sueño había sido real: allí, sobre la mesa, 
estaba el brillante ombligo de oro. 

Entusiasmado, se levantó de un salto...  ¡y el culo se le desprendió y cayó al suelo!» 



26/4/16

El misterioso ladrón de ladrones




Caco Malako era ladrón de profesión. Robaba casi cualquier cosa, pero era tan habilidoso, que nunca lo habían pillado. Así que hacía una vida completamente normal, y pasaba por ser un respetable comerciante. Robara poco o robara mucho, Caco nunca se había preocupado demasiado por sus víctimas; pero todo eso cambió la noche que robaron en su casa.

Era lo último que habría esperado, pero cuando no encontró muchas de sus cosas, y vio todo revuelto, se puso verdaderamente furioso, y corrió todo indignado a contárselo a la policía. Y eso que era tan ladrón, que al entrar en la comisaría sintió una alergia tremenda, y picores por todo el cuerpo.

¡Ay! ¡Menuda rabia daba sentirse robado siendo él mismo el verdadero ladrón del barrio! Caco comenzó a sospechar de todo y de todos. ¿Sería Don Tomás, el panadero? ¿Cómo podría haberse enterado de que Caco le quitaba dos pasteles todos los domingos? ¿Y si fuera Doña Emilia, que había descubierto que llevaba años robándole las flores de su ventana y ahora había decidido vengarse de Caco? Y así con todo el mundo, hasta tal punto que Caco veía un ladrón detrás de cada sonrisa y cada saludo.

Tras unos cuantos días en que apenas pudo dormir de tanta rabia, Caco comenzó a tranquilizarse y olvidar lo sucedido. Pero su calma no duró nada: la noche siguiente, volvieron a robarle mientras dormía.

Rojo de ira, volvió a hablar con la policía, y viendo su insistencia en atrapar al culpable, le propusieron instalar una cámara en su casa para pillar al ladrón con las manos en la masa. Era una cámara modernísima que aún estaba en pruebas, capaz de activarse con los ruidos del ladrón, y seguirlo hasta su guarida.

Pasaron unas cuantas noches antes de que el ladrón volviera a actuar. Pero una mañana muy temprano el inspector llamó a Caco entusiasmado:

- ¡Venga corriendo a ver la cinta, señor Caco! ¡Hemos pillado al ladrón!

Caco saltó de la cama y salió volando hacia la comisaría. Nada más entrar, diez policías se le echaron encima y le pusieron las esposas, mientras el resto no paraba de reír alrededor de un televisor. En la imagen podía verse claramente a Caco Malako sonámbulo, robándose a sí mismo, y ocultando todas sus cosas en el mismo escondite en que había guardado cuanto había robado a sus demás vecinos durante años... casi tantos, como los que le tocaría pasar en la cárcel.
Pedro Pablo Sacristan


25/4/16

Carta a un hijo




No prometo, hijo, impedir que tropieces, ni estar pegado a ti para asistirte en la caída. Te estorbaría mi exesiva protección, y te haria extremadamente dependiente. Pero prometo estar ahi, para cuidar tus raspones. 

No prometo, hijo, heredarte mi experiencia. No podría ser tuya. Tendrías que adquirirla en carne propia. Pero prometo estar disponible cuando solicites mi consejo. 

No prometo, hijo, solucionar tus problemas, aunque lo haría todo por ti. La solución suele estar en tus manos y no en las mias, pero prometo ayudarte en lo posible y escucharte cuando quieras desahogarte.
No prometo, hijo, evitarte sufrimientos, no puedo cegarte a la realidad, porque aveces sufrir es necesario para aprender a ser fuerte, pero prometo ofrecerte mi hombro, cuando necesites consuelo.
No prometo, hijo, darte todo lo que quieras. En todo caso es mejor que aprendas a valorar que los caprichos y las modas no son importantes pues se olvidan en cuanto se consiguen, pero prometo hacer el mayor esfuerzo para darte lo necesario.
No prometo, hijo, que serás tú el centro de mi atención, necesito tambien atender otros asuntos por tu bienestar y el de toda la familia, pero prometo no descuidarte y dedicar un tiempo especial, solo para ti. 

No prometo, hijo, caerte bien en todo momento, a veces no te gustará lo que yo diga o haga, porque tengo la obligación de guiarte por el camino correcto. Pero prometo no maltratarte ni humillarte cuando te corrija.
No prometo, hijo, que serás un niño mimado, a la larga te haria mucho daño. Pero te prometo que serás mi niño querido.
No prometo, hijo, estar a tu lado siempre, soy mortal como cualquier humano. Pero pero prometo enseñarte que si existe un Padre que si es eterno a quien podrás acudir siempre que quieras.
No prometo, hijo, ser un padre perfecto, pero prometo poner todo mi amor en el intento.